lunes, 28 de junio de 2021

Leonor novela inédita escrita en 1900

Leonor, una novela inédita y dos centenarios

Por Mario Casasús

El sábado 26 de junio celebró su centenario María del Carmen Nájera viuda de Fonseca, después de la misa de acción de gracias, los invitados brindaron, comieron y bailaron en la Hacienda de Cocoyoc. Sus hijas convocaron a toda la familia para acompañar a "Mamaita", tiraron la casa por la ventana.

Paradójicamente, el padre de la cumpleañera murió hace 100 años, el 8 de agosto de 1921, es decir, dejó huérfana a la pequeña con 41 días de nacida. El diplomático Domingo José Nájera y de Prindter (1880-1921), vivió 41 años. Para conmemorar su centenario luctuoso, Grace F. Nájera (nieta del diplomático), publicó la novela "Leonor", escrita en 1900, nadie había leído el manuscrito que permaneció en el baúl de las reliquias familiares durante un siglo, ni siquiera la hija de Domingo J. Nájera conocía el hallazgo, la primera edición de "Leonor" fue un regalo muy especial para "Mamaita" y para los invitados a la fiesta del centenario.

Domingo J. Nájera y de Prindter comenzó sus estudios en la ciudad de México, después viajó a Europa para estudiar relaciones exteriores. Hijo del abogado Domingo Nájera y Elisa de Prindter, Domingo José trabajó como agregado de la Legación de México en Italia (1904), fue tercer secretario de la Legación de las Repúblicas de Sud-América (1905) y de la Embajada en Washington (1906), terminó su carrera diplomática como Encargado de Negocios de México en Costa Rica (1908).

"Leonor" tiene tintes autobiográficos, el autor es homónimo del protagonista: "José". En un tono melancólico el novelista escribió: "Antes de narrar los acontecimientos del día, daré algunos pormenores de mi vida. En la época a que me refiero, tenía yo veinte años, me encontraba en la edad de los amores" (p. 24). El manuscrito está fechado el 1 de octubre de 1900, coincide con la edad de Domingo José Nájera (20 años), sin embargo, la madurez del lenguaje y las remembranzas desde el extranjero sugieren que la redacción corresponde entre 1905 y 1908. Escribió el libro en Europa: "Cuando hoy en tierra extranjera se vienen a la mente tus recuerdos, ruedan por mis mejillas muchas lágrimas" (p. 22).

El hallazgo de "Leonor" será una aportación al canon literario del siglo XIX, es una ficción que transcurre entre septiembre de 1882 y el primer semestre de 1883, podemos ubicar la historia en la tradición romántica y costumbrista, comparte elementos con "El Zarco" (1901) de Ignacio M. Altamirano: los dos libros comienzan con la descripción idílica del terruño (Yautepec y San Vicente), las haciendas son el telón de fondo (Atlihuayan en "El Zarco" y El Mirador en "Leonor"), los ríos atraviesan el paisaje convirtiéndolo en un paraíso frutal de limoneros y naranjos (en Morelos y Chiapas respectivamente). Las protagonistas cuentan con su mejor amiga ("Manuela y Pilar", "Leonor y Carmen"), ellas sufren un secuestro ("Manuela" a manos del Zarco y "Leonor" a manos de Pedro Rojas), los héroes inician una aventura para rescatarlas ("Nicolás" a "Manuela" y "José" a "Leonor"). Son los únicos puntos en común, las dos novelas son diferentes en su estructura, "Leonor" está narrada en primera persona por "José". A partir de un lenguaje poético, "José" reconstruyó la rivera del Usumacinta, la belleza de San Vicente y la exuberante vegetación del monte de las cuevas (Chiapas). Desde las primeras páginas descubrimos que "Leonor" está muerta, José confiesa: "entonces tendré la dicha de verte en el cielo" (p. 26). La ficción se convierte en una elegía, un poema en memoria de su amante, la voz narrativa teje el inicio de la relación amorosa, basándose en las costumbres del siglo XIX que hoy nos parecen anticuadas. Después de establecer un auténtico amor entre los novios, aparece en escena el antagonista: "Pedro Rojas", hijo de un político de Chiapas, el legislador visitó San Vicente para celebrar el 15 de septiembre de 1882, en la comitiva venía su hijo "Pedro Rojas". La audacia del autor fue retratar la prepotencia de la clase política, los personajes que hoy denominamos "Mirreyes" tienen sus orígenes en los privilegiados "juniors" del siglo XIX. "José" se da cuenta que "Pedro Rojas" pretende seducir a "Leonor", a pesar de los desaires de ella, el hijo del político insiste en invitarla a pasear con la intención de raptarla. El crimen está narrado vertiginosamente, "José" persigue al secuestrador, rescata a "Leonor" y reta a un duelo mortal a "Pedro Rojas", pero el cobarde no acepta batirse con una pistola y huye de San Vicente dejando una amenaza, será la venganza por frustrar el plagio.

La novela está dividida en dos partes, la primera termina con la huida de "Pedro Rojas". La segunda parte inicia con la mudanza de "José" a una hacienda que compró su papá, la relación con "Leonor" se formaliza, tienen planes de matrimonio, la distancia de "5 leguas" entre la hacienda y el pueblo de San Vicente no era un obstáculo para el amor de los protagonistas, se envían cartas y "José" visita en su caballo a "Leonor". En uno de los viajes al pueblo, en medio de un huracán chiapaneco, "José" sufre una herida de bala durante la emboscada de "Pedro Rojas", el villano cumplió su amenaza y regresó para vengarse. "José" quedó malherido, afortunadamente fue rescatado por su padre y cuatro mozos que lo buscaron cuando vieron que el caballo regresó a la hacienda sin su jinete.

Durante la convalecencia de "José", su amigo "Carlos" persiguió a "Pedro Rojas" para reprenderlo por la emboscada, pero el cazador terminó cazado y "Carlos" murió asesinado a manos de "Rojas".

La muerte del amigo retrasó los planes de boda de "José y Leonor", pasaron tres meses de luto para que pudieran retomar los detalles del matrimonio, ahora fue el turno de "Leonor" para viajar hasta la hacienda El Mirador de "José". Los enamorados pasearon por los linderos, exploraron la región, y en el "monte de las cuevas" un forajido intentó asesinar a "José", de nuevo era "Pedro Rojas", pero falló porque venía herido, lo persiguieron por el asesinato de "Carlos" y el criminal murió frente a "José". La novela tiene un final convencional: "Quince días habían pasado, las campanas de la parroquia de San Vicente, anunciaban misa de boda. En el interior del templo, un sacerdote daba la bendición nupcial a una pareja feliz... En los libros parroquiales y en la última partida de matrimonio se leían los nombres de José y Leonor" (pp. 178-179). A renglón seguido está la rúbrica del autor y la fecha: "Octubre 1/900".

La narración es ágil, cuenta con recursos novedosos para la época, por ejemplo: la cita textual de las cartas entre los personajes; el suspenso juega un papel preponderante, el lector nunca conoce las circunstancias de la muerte de "Leonor", primero los lectores piensan que asesinaron a la protagonista durante el secuestro, después los lectores intuyen que "Rojas" cumplió su amenaza, pero al finalizar la boda no sabemos el destino de "Leonor".

Espero que el libro sea distribuido en Chiapas, por las descripciones poéticas del paisaje y para conmemorar el centenario luctuoso de Domingo José Nájera y de Prindter. La familia Nájera regresó desde Costa Rica a México durante la revolución mexicana, a partir de 1960 se instalaron en Cuautla, la familia Casasús recibió en su casa a una rama de los Nájera y de Prindter. 

Domingo J. Nájera y Joaquín D. Casasús fueron dos intelectuales destacados del "porfiriato", los dos trabajaron en la Embajada de México en Washington (1906) y en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (1907-1913), sus descendientes viven en Cuautla, continuaron con la amistad de los abuelos. La edición impresa de "Leonor" nació en Cuautla para celebrar dos centenarios (1921-2021), gracias a la tenacidad de Grace F. Nájera, la nieta de Domingo José transcribió al pie de la letra la novela y buscó un editor para publicarla en junio de 2021. Enhorabuena.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Resguardo y codicia de la razón

Miguel Ángel Sánchez Velasco: “Gabriel Zapata no tiene méritos para dirigir el Museo Casa Zapata”

Por Mario Casasús

En entrevista telefónica, Miguel Ángel Sánchez Velasco (1959), poeta y narrador, denuncia al nuevo director del Museo Casa Zapata: “A Gabriel Zapata le queda muy grande el nombramiento, desconoce cómo administrar un museo, si es por un pago de cuentas ahí está la clave, porque no tiene méritos, una persona no puede hacerse cargo de un museo con la importancia de la Casa de Zapata si no tiene los conocimientos, si va a llegar a recibir órdenes para seguir actuando de la misma manera que los otros directores, si una persona no está preparada no debería ser, no debería estar una persona con esas características”. El policía Gabriel Zapata es nieto de Nicolás Zapata, Sánchez Velasco escribió una novela sobre el asesinato de Chico Franco, y precisamente Nicolás Zapata fue el autor intelectual del crimen.

Ingeniero industrial por el Politécnico Nacional (IPN), Sánchez Velasco incursionó en la poesía y narrativa, un concurso de novela corta lo llevó a Anenecuilco para investigar la revolución de Emiliano Zapata, en 2005 conoció a su sobrina Esperanza Franco, la entrevistó y escribió una magnífica novela histórica: “Yo sabía que señalar a Nicolás Zapata era una gran responsabilidad, no me podía aventar a escribir sobre el asesinato de Chico Franco con un testimonio, el de Esperanza Franco. Eso me motivó a buscar más información sobre Nicolás Zapata, después de investigar tuve la certeza de que lo dicho por Esperanza era verdad. No podía comprender que un hijo de Emiliano Zapata, el primogénito, llegó a convertirse en un cacique, un personaje contrario al padre, fue difícil para mí entender el papel de Nicolás Zapata”. La novela Resguardo y codicia de la razón (2012) tendrá una continuación ante el descubrimiento de nuevos documentos sobre el Coronel Chico Franco Salazar. 

MC.- Miguel Ángel, ¿cuándo conoció a Esperanza Franco?, ¿cómo llegó a la historia de Chico Franco?

MAS.- En la Ciudad de México leí la convocatoria para publicar una novela corta, casualmente tenía en mis manos el libro de John Womack, se me ocurrió la idea de escribir para ese concurso una novela sobre Emiliano Zapara que tocaba exclusivamente los antecedentes de Anenecuilco, ya no tanto al personaje revolucionario. La convocatoria tenía la limitante de 60 cuartillas, encontré mucho material, me involucré con la historia y cumplí con el requisito de las 60 cuartillas, pero me quedé con las ganas de seguir investigando y comencé a viajar con frecuencia a Anenecuilco, iba con una amiga.

 MC.- ¿En qué año comenzaron los viajes a Anenecuilco?

MAS.- 2005. Comenzamos a ir para buscar información y conocer en primera instancia la casa que habitó Zapata, el consabido Museo de Anenecuilco, a veces lo encontramos cerrado, pero regresamos y conversamos con el cuidador, le preguntamos si conocía a los familiares de Zapata, nos dio las referencias para llegar al Camino Real donde vivía una sobrina. Fuimos varias veces pero no nos abrían, al parecer María Félix Aragón Franco pasaba mucho tiempo en Cuernavaca. Haciendo la analogía con el libro de Sotelo Inclán, al profesor le costó mucho trabajo romper la barrera para acercarse a Chico Franco. Nosotros tuvimos la suerte de ver a Esperanza Franco, de lejos nos preguntó: “¿qué quieren?”, le dijimos que veníamos de la Ciudad de México: “en el Museo Casa Zapata nos dieron su dirección, queremos conversar con usted porque estamos haciendo un trabajo”, Esperanza nos respondió que no tenía tiempo: “estoy muy ocupada, si quieren regresar más adelante, pero no les aseguro nada”. Así fue, la visitamos frecuentemente hasta que nos tomó confianza y nos abrió las puertas de su casa, Esperanza fue una persona sumamente atenta, nos brindó un hospedaje abiertamente desinteresado, comenzamos a conversar, al principio no grabábamos nada por respeto a ella, después le pregunté si no tenía inconveniente si grabábamos las entrevistas, nos dijo: “no, ustedes pueden grabar lo que quieran”.

MC.- La entrevista con Esperanza Franco fue una gran exclusiva, ¿por qué decidió escribir una novela y no una serie de reportajes?

MAS.- Desde un principio sabía que debía continuar con la novela corta que escribí, yo no tenía los conocimientos para hacer un reportaje, como yo no tengo los elementos académicos para publicar un trabajo periodístico, me fui por la idea de escribir una novela histórica, esa fue la razón.

MC.- ¿Cuánto tiempo tardó en escribir y editar Resguardo y codicia de la razón?

MAS.- En primera instancia no escribía de manera permanente, no era mi única actividad, tenía que trabajar. Tardé 6 años en terminar la novela, después llegó la parte complicada de buscar al editor, ahí surgió otro problema por eso decidí publicarla en una edición de autor, fue toda una Odisea, yo desconocía el mundo de la edición, no tenía contactos en el mundo de los libros.  

MC.- El antagonista de su novela es el primogénito de Emiliano Zapata, ¿le sorprendió descubrir que Nicolás Zapata estuvo implicado en el asesinato de Chico Franco?

MAS.- Cuando escribía la novela dudaba de la veracidad de los datos de Esperanza Franco, yo sabía que señalar a Nicolás Zapata era una gran responsabilidad, no me podía aventar a escribir sobre el asesinato de Chico Franco con un testimonio, el de Esperanza Franco. Eso me motivó a buscar más información sobre Nicolás Zapata, después de investigar tuve la certeza de que lo dicho por Esperanza era verdad. No podía comprender que un hijo, el primogénito de Emiliano Zapata, llegó a convertirse en un cacique, un personaje contrario al padre, fue difícil para mí entender el papel de Nicolás Zapata.

MC.- ¿Conversó con algún descendiente de Nicolás Zapata?, ¿por qué no publicó la lista de las fuentes testimoniales de la novela?

MAS.- En Villa de Ayala conversé con un cronista, no recuerdo su nombre. En Anenecuilco conversé con un descendiente de Zapata, incluso lo agarré de buenas porque me enseñó fotos y documentos, que no me permitió reproducir. Por falta de experiencia no se me ocurrió llevar una bitácora con las entrevistas formales, porque todo surgió de manera espontánea, a veces encontraba personajes en las poblaciones que me daban sus testimonios. Parte de la inexperiencia de no ser periodista, si hubiera tenido los conocimientos para hacer un reportaje me hubiera sometido a una forma académica para respaldar este proyecto, para mí fue difícil ordenar toda la información, no tuve la precaución de guardar los nombres de las personas que conocí o de entrevistarlas formalmente, me faltó metodología.

MC.- Usted aceptó que Esperanza Franco eligiera qué debía incorporar en la novela, ¿no perdió libertad creativa?

MAS.- Definitivamente contó mucho lo que Esperanza me dijo, hay diferencias en la familia –y tú lo sabes- ella mencionó la problemática familiar, yo pienso que para evitar la confrontación con su familia Esperanza no se atrevió a decir muchas cosas, por ejemplo: ella disparó en defensa propia el día que asesinaron a su padre y hermanos, pero en la entrevista no lo admitió, me dijo que se mantuvo ajena a los disparos. En mi novela dejé entrever que Chico Franco y sus hijos pensaron en agarrar las armas de su casa, pero en la novela no respondieron la agresión de la policía y del Ejército. Efectivamente, el hecho de que Esperanza me dijera que no podía incluir ciertos datos en la novela sí me limitó, pero lo entendí por las razones que ella me explicó sobre las diferencias con su familia, por supuesto ese conflicto me quitó libertad para expresar la realidad.

MC.- Estoy preparando un documental sobre Chico Franco, ¿todavía conserva lasgrabaciones de sus entrevistas con Esperanza Franco?

MAS.- La verdad no he vuelto a escuchar las grabaciones desde que terminé mi libro, hice las entrevistas con una pequeña grabadora, buscaré las cintas, no sé si estén en buen estado las grabaciones para reproducirlas en MP3. Si encuentro las grabaciones cuente con las entrevistas para el documental.

MC.- ¿Conoce el expediente judicial con la demanda que presentó Esperanza Franco el 3 de enero de 1948 para esclarecer el asesinato de su padre?

MAS.- No, Esperanza no comentó nada sobre una demanda, desconozco ese asunto.

MC.- ¿Consultó la Hemeroteca Nacional para leer cómo registró la prensa el asesinato de Chico Franco?

MAS.- No me metí tanto a investigar esa parte, en Morelos no hay absolutamente nada. No tuve tiempo de acercarme a otras instituciones, era complicado como no soy investigador profesional cuando pedí algún permiso para revisar el Archivo General de la Nación no me lo dieron. No obtuve información de cómo se manejó en la prensa el asesinato de Chico Franco.

MC.- ¿Esperanza Franco conocía a detalle el contenido del archivo que le prestó al profesor Jesús Sotelo Inclán en 1948?

MAS.- Sabía a grandes rasgos la importancia histórica de los Títulos Primordiales, pero desconocía qué contenía todo el archivo, ella nunca me dijo si sabía exactamente qué documentos le entregó a Jesús Sotelo Inclán, tenía una idea en general.

MC.- ¿Usted intentó conocer los documentos de la caja fuerte del Museo Casa Zapata?

MAS.- Esperanza me dijo que había documentos en el Museo, pero ella decía que también había copias, porque cuando su mamá le entregó algunos documentos a Nicolás Zapata, él repartió las copias entre sus amigos. Esperanza no sabía cuáles documentos llegaron al Museo porque el tema se convirtió en un secreto. Yo pregunté en el Museo, pero siempre me dieron evasivas: “no está el encargado”.

MC.- ¿Por qué incorporó al personaje de Rubén Jaramillo en una novela sobre Chico Franco?

MAS.- Llamó mi atención el dato que a los 14 años Jaramillo estaba involucrado en el Ejército zapatista, leí el libro de Félix Serdán –uno de los hombres más cercanos a Jaramillo- y comencé a pensar en la posibilidad de un encuentro entre Chico Franco y Rubén Jaramillo, utilicé la lógica más que la historia, en algún momento los dos personajes pudieron haberse encontrado, comencé a ver las coincidencias, Jaramillo le dio continuidad a la lucha de Zapata.

MC.- ¿Entonces Chico Franco no fue el sucesor de Zapata?

MAS.- Digamos que Chico luchó desde un ámbito local, yo considero que Jaramillo y Franco persiguieron el mismo fin, pero el proyecto de Jaramillo es más amplio, él se acercó más al poder, su perspectiva era más general, lideraba un movimiento obrero y campesino. En cambio Chico siempre estuvo solo, a salto de mata, guardó la historia del pueblo junto con los derechos que van involucrados: la tenencia de la tierra. Desde mi punto de vista, el proyecto de Jaramillo era de avanzada y tiene a mucha gente detrás de él. Además la información sobre Chico Franco se perdió, está escondida, a Chico no le gustaba ser protagonista, evitaba las fotografías y firmar documentos, creo que eso hizo la diferencia notable entre uno y otro, Chico era más discreto que Jaramillo, sus circunstancias eran diferentes.

MC.- El Ejército mexicano y la policía de Morelos asesinaron a Rubén Jaramillo y su familia, ¿cómo se podría demostrar la participación del Ejército en el operativo contra Chico Franco?

MAS.- Cobra relevancia el mismo patrón, la misma forma de actuar contra ellos, la diferencia fue que a Chico lo emboscaron de madrugada, y con Jaramillo justificaron el operativo con una orden ficticia de presentación. Al fin y al cabo fue la misma manera de atacarlos, una traición. Esperanza me dio el dato de que había policía judicial y parte del Ejército, ella tuvo contacto con los personajes que los atacaron por eso se atrevió a asegurar que participó el Ejército, yo no he encontrado –no he buscado- algún documento que pueda avalar que el Ejército estuvo involucrado, pero si consideramos que el diputado Nicolás Zapata tenía fuero en aquellos años es muy probable que sí estuviera involucrado el Ejército, pero yo no lo podría afirmar tácitamente.

MC.- Hablando de Nicolás Zapata, su nieto dirige el Museo Casa Zapata, ¿qué opina sobre el nombramiento de Gabriel Zapata?

MAS.- Hay tantos Zapatas que me cuesta trabajo identificar quiénes son personas confiables y quiénes lucran con el apellido, sé que hay diferencias entre la familia Zapata, incluso en sus posturas sobre la termoeléctrica de Huexca, algunos apoyaron el proyecto. A Gabriel Zapata le queda muy grande el nombramiento, desconoce cómo administrar un museo, si es por un pago de cuentas ahí está la clave, porque no tiene méritos, una persona no puede hacerse cargo de un museo con la importancia de la Casa de Zapata si no tiene los conocimientos, si va a llegar a recibir órdenes para seguir actuando de la misma manera que los otros directores, si una persona no está preparada no debería ser, no debería estar una persona con esas características.

MC.- Finalmente, a una década de la publicación de su novela y ante los nuevos antecedentes sobre Chico Franco, ¿reescribiría algún capítulo?, ¿revisitará el tema?

MAS.- Con todo lo que me he informado a través de tu libro y los nuevos textos sobre Chico Franco estoy en deuda para ampliar este tema. Yo me había planteado darle continuidad a la problemática de Anenecuilco y Villa de Ayala por el conflicto de la termoeléctrica, el proyecto de Chico Franco se enlaza con lo que está ocurriendo en Huexca. Siendo honesto, conocía muy poco de la biografía de Chico Franco, pero ahora tu libro me abrió un panorama, yo creo que mi siguiente proyecto será difundir todas las vertientes de Chico Franco, darle una continuidad a la novela, ahora que me entero que hay más información sobre Chico Franco, por supuesto tengo la intención de seguir escribiendo sobre él y los antecedentes de Anenecuilco.



jueves, 10 de septiembre de 2020

Carta abierta al presidente AMLO

Carta abierta al presidente Andrés Manuel López Obrador

Por Mario Casasús

Mi tatarabuelo Ignacio Manuel Altamirano exigió la renuncia de Benito Juárez para frenar su afán reeleccionista y denunciar las iniciativas de Palacio Nacional que fortalecieron al poder ejecutivo frente al legislativo (1861). Afortunadamente la historia no volvió a ser igual, usted declaró que no buscará la reelección, pero se excedió en sus facultades designando al policía Gabriel Zapata en la dirección del Museo Casa Zapata de Anenecuilco. La injerencia federal en un museo estatal resulta inadmisible (la casa natal de Zapata no pertenece al INAH, tampoco funciona en un fideicomiso mixto. El gobierno de Morelos administra el Museo Casa Zapata desde 1991).

Entiendo su buena voluntad de ofrecerle trabajo a un bisnieto de Emiliano Zapata, pero usted debió pedir referencias sobre los descendientes de Nicolás Zapata, su nieto, Gabriel Zapata buscó la dirección de policía de tránsito en el Municipio de Ayala, el alcalde Isaac Pimentel le negó el puesto, posteriormente el policía buscó un trabajo de jardinero en la casa de Zapata, pero usted lo nombró director del Museo Casa Zapata (es la versión que el propio Gabriel difundió, sin darse cuenta que la indiscreción ocasionaría un grave problema institucional).

Me negaba a creer en la palabra de Gabriel Zapata, usted conoce al usurpador Jorge Zapata (presunto hijastro de Nicolás Zapata), ellos representan a la estirpe de Caín. El diputado federal Nicolás Zapata (cacique del PRI) ordenó el asesinato del veterano zapatista Francisco Chico Franco Salazar (secretario y primo hermano de Emiliano Zapata), fue un crimen de Estado con la participación del Ejército mexicano y la Policía Judicial de Morelos (así operaba el PRI, eliminaba a sus opositores. En Morelos, el Ejército asesinó a Rubén Jaramillo y su familia. El antecedente fue la detención ilegal, la tortura y el asesinato de Chico Franco y sus hijos Vérulo y Julián Franco Sánchez).

Presidente López Obrador, le decía que me negaba a creer en la palabra de Gabriel Zapata, pero el rumor era generalizado, no hubo un comunicado de prensa del gobierno de Morelos para desmentir el trascendido, por lo tanto solicité una reunión –off the record- con la doctora Helena González (directora de Museos de Morelos), cuando abordamos la injusticia de tener a un policía -sin credenciales académicas-  al frente del Museo Casa Zapata, la funcionaria de la Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos me dijo: “El presidente López Obrador nombró a Gabriel Zapata, yo no puedo pedir su renuncia, no puedo hacer nada” (8/09/2020).

En 1991, Carlos Salinas nombró como director del Museo Casa Zapata al hijo de un implicado en el asesinato de Chico Franco (Lucino Luna impidió la consulta de los Títulos Primordiales y la correspondencia de Chico Franco durante 23 años, porque los documentos demuestran el conflicto entre el veterano zapatista y el cacique del PRI). El gobierno de Graco Ramírez nombró como director del Museo Casa Zapata al sobrino del cómplice de Nicolás Zapata en la repartición del botín de guerra (Enrique Anzures pretendió falsificar la historia, argumentando que su familiares fueron los últimos guardianes de los Títulos Primordiales, sic). Con todo respeto, usted superó a Carlos Salinas y Graco Ramírez, nombró al nieto del asesino Nicolás Zapata. El Estado debe reparar el daño (por la participación del Ejército y la Policía Judicial en un operativo ordenado por un diputado federal), usted no debería recompensar a la estirpe de Caín. La revolución mexicana terminó el 21 de diciembre de 1947, con el asesinato de Chico Franco.

Usted siempre dice, ante la comparación con el régimen del PRI: “No somos iguales”, demuéstrelo: permita que los morelenses decidamos nuestro futuro, en este caso que desenterremos nuestro trágico pasado. Si usted tiene dudas de mi denuncia, le aconsejo que busque la opinión del doctor Salvador Rueda (después de la muerte del doctor Francisco Pineda, el director del Museo Nacional de Historia es el mayor zapatólogo de México). En mi humilde opinión, yo no buscaría a Felipe Ávila, el año pasado exhibí su ignorancia en El Universal de México, y si usted revisa el nuevo libro de Ávila: Iconografía de  Emiliano Zapata (2020) descubrirá en la página 97, que el “experto” del INEHRM confundió a un personaje anónimo con Francisco I. Madero (la fotografía original aclaró, con una nota en el reverso, que Zapata está en el Jardín Borda para asistir a un banquete en honor a Madero, en ninguna parte dice que el personaje de la comitiva sea el presidente Madero junto a Zapata), pero esta confusión de Felipe Ávila es anecdótica, lo realmente preocupante son las dos fotografías del genocida Gustavo Díaz Ordaz (páginas 41 y 57), ¿por qué reivindicar al asesino de 1968 en la Iconografía de Zapata?, además, los lectores del libro no encontrarán ninguna imagen del Coronel Chico Franco en la sección El Zapatismo. La historia oficial se empeña en ocultar a Chico Franco, yo puedo demostrar que fue el redactor del Plan de Ayala (1911), conservo el expediente de la SEDENA con el listado de cada batalla del Coronel de caballería Chico Franco.

Presidente, usted conoce el libro Raíz y razón de Zapata (1943) de Jesús Sotelo Inclán, el historiador se inspiró en sus conversaciones con Chico Franco y respaldó su investigación con los documentos que resguardaba el veterano zapatista. Usted citó un par de fragmentos de Raíz y razón de Zapata en su visita a Cuautla (cuando el impostor Jorge Zapata intentó robarse los reflectores para su “Partido Auténtico Zapatista” con supuestas demandas ecologistas, sic).

Permítame hacer un paréntesis: después del asesinato de Chico Franco, su hija Esperanza Franco llevó el archivo de Anenecuilco a la casa de Jesús Sotelo Inclán en la Ciudad de México, el historiador intentó donar los Títulos Primordiales al Estado, pero las autoridades lo ignoraron. Lamentablemente, don Jesús murió en un accidente automovilístico (1989) y su hermano Guillermo Sotelo Inclán vendió el archivo de Anenecuilco a Carlos Salinas por 9 millones de pesos. Simularon una donación al Archivo General de la Nación, y Salinas decidió depositar los Títulos Primordiales y la correspondencia de Chico Franco en el Museo Casa Zapata (para lucrar políticamente con la “donación”, previo a la reforma del Artículo 27). El Inventario del AGN reconoce la “Compilación de Guillermo Sotelo Inclán” (sic), cuando deberían rebautizarlo: “Archivo Chico Franco Salazar”. El año pasado discutí el tema con Felipe Ávila, prometió investigar los trámites para que el AGN rectifique el nombre del “Fondo Guillermo Sotelo Inclán”, pero a la fecha, Ávila no movió un dedo, por eso no confío en el director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas. Usted puede reparar el daño ante semejante injusticia, con un decreto presidencial, atentamente le solicito el cambio del nombre del “Fondo Guillermo Sotelo Inclán” por “Archivo Chico Franco de Anenecuilco”.

Finalmente, el nuevo director del Museo Casa Zapata, el policía Gabriel Zapata delegó a su tío Tiburcio Zapata (hijo de Nicolás Zapata) la estrategia comunicacional de la reinauguración del recinto histórico. Tiburcio “Bucho” Zapata desfiló por Radio Fórmula, El Heraldo de México y Reforma, anunciando el concierto de Panteón Rococó y la apertura del Museo Casa Zapata, actividades programadas para el 25 de septiembre (hablé con dos músicos de Panteón Rococó y desconocían quién era su “publicista” en Anenecuilco). “Bucho” Zapata está usurpando funciones, no está en la nómina del museo, “Bucho” pretende ser alcalde de Ayala y utilizó como plataforma electoral (anticipada) al Museo Casa Zapata. ¿Ahora entiende cómo funcionan los descendientes de Nicolás Zapata?, “Bucho” y Jorge Zapata son un par de oportunistas, no tienen una gota de sangre revolucionaria, son aprendices de caciques como su padre Nicolás Zapata (otrora alcalde de Cuautla, diputado local y diputado federal del PRI). Cuando reclamé el protagonismo de “Bucho” Zapata a la directora de Museos de Morelos, Helena González me dijo: “no sabía que Tiburcio Zapata concedió entrevistas sobre la inauguración del Museo Casa Zapata, sé que Tiburcio Zapata se lanzará para alcalde de Ayala, ¿Mario, en qué te afecta?, déjalo, concéntrate en tus proyectos” (conservo el audio mp3 de mi conversación con la funcionaria estatal, su política es neoliberal: “dejar hacer, dejar pasar”). Ahora todos los burócratas de Morelos le tienen miedo a “Bucho” Zapata y Gabriel Zapata porque son “recomendados” del presidente López Obrador. ¿No somos iguales?, usted fomentó el influyentismo, usted designó a un policía sin credenciales académicas al frente del Museo Casa Zapata, usted impuso al director de un museo estatal (Morelos no es su jurisdicción), usted cometió apología del delito al recompensar al descendiente de Nicolás Zapata, en lugar de reparar el daño. El asesinato de Chico Franco fue un crimen de Estado, con el mismo modus operandi que el asesinato de Rubén Jaramillo. En Morelos, la leyenda dice que el veterano zapatista aconsejó al guerrillero Jaramillo: “abandona las armas”, porque era mejor seguir la ruta que los zapatistas tomaron en 1920. Chico Franco jamás volvió a levantar un fúsil para exigir la restitución de tierras de Anenecuilco, confío en la vía pacífica y democrática, escribió cartas a los presidentes Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho, se presentó en el Departamento Agrario, en la Confederación Nacional Campesina y tramitó copias de los Títulos Primordiales en el AGN; de nada le sirvió apelar a la razón, lo asesinaron, igual que a Rubén Jaramillo, en los dos crímenes de lesa humanidad participó el Ejército mexicano, el Estado debe reparar el daño.

La pieza más importante del Museo Casa Zapata son los Títulos Primordiales de Anenecuilco, no son los adobes de la humilde casa, tampoco las carabinas oxidadas, mucho menos los viejos petates o los utensilios de la vida cotidiana en 1911. Los Títulos Primordiales son Patrimonio Cultural de la Humanidad, cuentan la historia de la tierra desde el virreinato a 1909, son documentos invaluables que Emiliano Zapata llevó al frente del combate, con los Títulos Primordiales justificó su participación en la revolución. Los Títulos Primordiales continúan encerrados y mal catalogados con el crédito del “Fondo Guillermo Sotelo Inclán” (sic), no basta con la digitalización de los Títulos Primordiales, los facsimilares deben exhibirse en la Casa Zapata y el guión museográfico debe explicar que guardar los documentos de Anenecuilco le costó la vida Chico Franco, a manos del traidor Nicolás Zapata (el verdadero chacal de la revolución). Un nieto del cacique del PRI no puede custodiar el “Archivo Chico Franco”, un policía no tiene las credenciales académicas para dirigir un museo. Presidente López Obrador, usted debe respetar la soberanía del Estado de Morelos, es injusta la imposición de un funcionario estatal desde la federación. Buscaré el respaldo de una ONG para iniciar los trámites de reparación del daño ante el crimen de Estado. Los crímenes de lesa humanidad que cometió el Ejército mexicano en Morelos no pueden continuar en la impunidad. Ni perdón, ni olvido.

Espero su respuesta señor presidente. Si hubiera voluntad política, usted atendería mi pliego petitorio, usted podría designar al subsecretario Alejandro Encinas para que estudien el caso en el área de Derechos Humanos de la SEGOB. Espero reunirme con la doctora Olga Sánchez Cordero, la Secretaría de Gobernación debe programar una ceremonia para ofrecer disculpas a la familia de Chico Franco por el crimen de Estado. También espero conversar con la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, directora de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, para donar al Estado mi colección de cartas, libros, cubiertos de plata y fotos inéditas de Joaquín D. Casasús y su suegro Ignacio Manuel Altamirano. Presidente López Obrador, no soy su adversario, no estoy pidiendo su renuncia por la injerencia federal en un museo estatal. Exijo justicia: reparación del daño por el crimen de Estado. Demuestre que en la 4T no son iguales al PRI, reconozca su equivocación (el nombramiento del policía Gabriel Zapata para dirigir el Museo de Anenecuilco). Mi tatarabuelo Ignacio Manuel Altamirano rectificó en su conflicto con Juárez y defendió la República ante la intervención extranjera (con el grado de coronel), “Papá Nacho” se reconcilió con el presidente Benito Juárez.

domingo, 30 de agosto de 2020

El Estado debe reparar el daño por asesinar a Chico Franco

Urge reivindicar al Archivo Chico Franco de Anenecuilco

El periodista Mario Casasús insta al Estado restaurar una deuda histórica con el primo hermano de Emiliano Zapata.

Por Mario Casasús/Aristegui Noticias

El Archivo General de la Nación reconoce en su inventario que la Colección de Documentos sobre Anenecuilco (1829-1943) fue una “Compilación de Guillermo Sotelo Inclán” (sic). Los Títulos Primordiales (las escrituras de la comunidad con los registros desde el virreinato), los documentos administrativos de Anenecuilco, los manifiestos zapatistas y la correspondencia del Coronel Francisco Chico Franco Salazar pertenecen al “Fondo Guillermo Sotelo Inclán”. El mérito que el AGN otorgó a Guillermo Sotelo se debe a la “donación” del acervo que resguardó el historiador Jesús Sotelo Inclán desde enero de 1948 a octubre de 1989. El acta de donación data del 22 de abril de 1991, Guillermo Sotelo Inclán entregó los documentos a Leonor Ortiz Monasterio (otrora directora del AGN), siendo testigo de honor el presidente Carlos Salinas de Gortari.

El profesor Jesús Sotelo Inclán escribió el libro Raíz y razón de Zapata (1943) inspirado en el testimonio del Coronel Chico Franco Salazar (primo hermano de Emiliano Zapata) y respaldó su investigación con los documentos de Anenecuilco (coloquialmente conocidos como: Títulos Primordiales o Poderes del Pueblo). El primogénito de Emiliano Zapata, el diputado federal Nicolás Zapata (PRI) reclamó la propiedad del archivo a su tío Chico Franco, ante la negativa de renunciar a su responsabilidad, el veterano zapatista escondió el acervo que le encomendó su primo Miliano y se enfrascó en una disputa con Nicolás Zapata, al grado que lo acusó con el presidente Ávila Camacho por los fraudes que cometió el latifundista Nicolás Zapata (cacique del PRI, fue alcalde de Cuautla, diputado local y diputado federal). Los historiadores Mario Gill (El Colegio de México, 1952)[1] y Alan Knight (Fondo de Cultura Económica, 2015)[2] estudiaron y publicaron los crímenes de Nicolás Zapata.

La denuncia de Chico Franco le costó la vida. El 21 de diciembre de 1947, el diputado federal Nicolás Zapata movilizó al Ejército y a la Policía Judicial de Cuautla para arrestar al Coronel zapatista en su casa de Anenecuilco. Hubo resistencia armada al “operativo” de Nicolás Zapata. Chico Franco y sus hijos respondieron la agresión del Ejército, después del tiroteo los soldados se llevaron heridos a Chico Franco y sus hijos Vérulo y Julián, además arrestaron a Esperanza Franco por dispararle a la tropa. Los tres heridos nunca llegaron al Ministerio Público, los torturaron y acribillaron, sus cadáveres fueron arrojados al Cañón de Lobos (paraje entre Yautepec y Cuernavaca). El Ejército y la Policía Judicial de Morelos siguieron las órdenes de un diputado federal, las autoridades civiles y militares cometieron dos crímenes de lesa humanidad: tortura y ejecución extrajudicial.

Después de la Revolución, Chico Franco Salazar nunca claudicó en sus ideales zapatistas, exigió el reparto de la tierra desde la trinchera legal: solicitó audiencias con los presidentes de México, presentó trámites ante el Tribunal Agrario y representó al pueblo de Anenecuilco como Ayudante Municipal (ganó la elección el 2 de agosto de 1920). El general Genovevo de la O extendió la Hoja de Servicio Militar del Coronel Chico Franco: “Se inició en la Revolución a lado del General Emiliano Zapata con fecha de 11 de marzo de 1911… al depositar en él una ilimitada confianza como lo fue la del archivo de la Revolución del Sur, de la que posee documentación… desempeñó las comisiones más delicadas que su digno Jefe y Caudillo le encomendara. Que fungió como secretario del movimiento hasta el 28 de noviembre de 1911”. Rúbrica y fecha: “Genovevo de la O, 1 de septiembre de 1945”.[3]

El documento de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) permaneció inédito durante 74 años hasta que lo publiqué en mi libro: Jesús Sotelo Inclán en Morelos (2019), el acta de la SEDENA demuestra que Chico Franco fue el redactor del Plan de Ayala (se puede leer su firma en el documento del 28 de noviembre de 1911 y al margen la palabra: “secretario”), erróneamente se atribuye la redacción del Plan de Ayala a Otilio Montaño, pero dos documentos avalan al Coronel Chico Franco (nació el mismo año que su primo Miliano Zapata, estudiaron juntos en la escuela de Anenecuilco y fue su hombre de confianza).

Reivindicación

Franco Salazar es un personaje olvidado por la historia oficial, fue víctima de un crimen de Estado, orquestado por el diputado Nicolás Zapata. Es una afrenta que los documentos que le costaron la vida al Coronel zapatista lleven el nombre de “Fondo Guillermo Sotelo Inclán”. El Estado debe reparar el daño, comenzando por rebautizar el Fondo del AGN como “Archivo Chico Franco”, el Estado debe ofrecer una disculpa a la familia Franco Sánchez por la participación del Ejército en la detención ilegal, tortura y el asesinato de Chico Franco y sus dos hijos Vérulo y Julián.

Al salir de la cárcel, Esperanza Franco, llevó los documentos que resguardó su padre a la casa del historiador Jesús Sotelo Inclán en la Ciudad de México, porque el diputado Zapata amenazaba con asesinar al resto de la familia si no le entregaban el archivo. Doña Esperanza refiere el ultimátum que dio Nicolás Zapata a Demetria Sánchez viuda de Franco, el 22 de diciembre de 1947:

 

Le dijo a mi mamá, te doy setenta y dos horas pa’que los encuentres y mi mamá no tardó tanto, y ahí va, y le llevó todas las copias que eran las que mi papá le había prestado a Chucho Inclán [...] con la amenaza y el miedo mi mamá le entregó las copias y unos originales a Nicolás, ahí estaban en la iglesia los viejitos del pueblo Rafael Quintero, Arnulfo Benítez, Manuel Contreras, Heladio Muñoz, Rutilo y Santiago Aguilar, delante de ellos entregó las fotostáticas o las copias que tenía y mi tío, el hijo de Zapata, mi tío Nicolás se quedó con los poquitos originales y les decía ten… Heladio y a cada uno se los repartió y dijo entre sí los demás [documentos] me los llevo.[4]

Las copias que entregó Demetria Sánchez a Nicolás Zapata corresponden a los trámites que hizo Chico Franco en 1927, cuando solicitó la restitución del Ejido de Anenecuilco (en el AGN está el registro de las personas que consultaron los Títulos Primordiales después de la Revolución). Los documentos originales de Anenecuilco permanecieron en casa de Jesús Sotelo Inclán desde 1948 a 1989, fueron consultados por el historiador John Womack y por la maestra Concepción Jiménez Alarcón (las dos personas de mayor confianza para don Jesús), el profesor intentó donarlos al ANG, pero las autoridades nunca le hicieron caso. Al sufrir un accidente automovilístico en septiembre de 1989, Jesús Sotelo Inclán murió intestado, su hermano Guillermo y su sobrino Alfonso Inclán saquearon la casa. Guillermo habló por teléfono a Los Pinos para ofrecer los Títulos Primordiales en 9 millones de pesos, Salinas los compró de inmediato y a su vez los “donó” al Museo Casa Zapata. El 8 de agosto de 1991, Salinas declaró: “Don Guillermo Sotelo Inclán, su hermano, al entregar los papeles a la Nación y al describirnos el ánimo que lo llevó a integrar esos legajos y su obra, la definía como un descubrimiento [...] Esto es lo que hoy la familia Sotelo Inclán le entrega a la Nación; debo expresar el agradecimiento a la probidad de la familia, por haber cuidado 44 años, afortunado número y fecha, estos testimonios”.[5]

En pleno delirio de grandeza, Salinas imprimió su nombre en la carpeta de piel del archivo que resguardaba Chico Franco y publicó su discurso de “donación” en el libro: Anenecuilco. Memoria y vida de un pueblo (FCE, 1991). Don Jesús jamás hubiera permitido el lucro que hizo Salinas, el profesor se deslindó del PRI: “Para tener absoluta independencia en mi criterio de historiador, decidí no pertenecer a ningún partido político, precisamente para que los deslenguados no atribuyan a mi trabajo un interés mercenario”.[6] El deslenguado Carlos Salinas manipuló la historia, no se trató de una donación desinteresada, tampoco fue un acto de “probidad” de la familia Sotelo.

El presidente Carlos Salinas se benefició mediáticamente de los Documentos de Anenecuilco, en la víspera de la reforma al Artículo 27 de la Constitución. Guillermo Sotelo Inclán remató el Archivo Chico Franco y los Títulos Primordiales en 9 millones de pesos. La maestra Concepción Jiménez Alarcón denunció la rapiña y la supuesta donación:


Al morir don Jesús, Guillermo vendió las escrituras de Anenecuilco a Carlos Salinas. Guillermo me contó cómo le hizo: Salinas llegaba de un viaje y le dijo por teléfono: “soy Guillermo Sotelo Inclán y tengo una sorpresa para usted, necesito que me dé una cita”. De inmediato lo recibieron en Los Pinos, Guillermo fue a vender los documentos de Anenecuilco a Carlos Salinas, eso me lo dijo directamente.[7] 

El historiador Emilio Kourí confirmó la denuncia en la revista Nexos: “Guillermo logró acercarse al presidente Salinas por vía de un conocido mutuo y le ofreció los papeles. Dicen en Morelos que Guillermo los vendió por 9 millones de pesos, aunque el trámite se presentó como donación. Por un tiempo Salinas los mantuvo consigo en su despacho presidencial”.[8] El catedrático de la Universidad de Chicago es una fuente confiable, dirige el Centro de Estudios Katz, ayudó a John Womack con la traducción de su libro Zapata and the Mexican Revolution (FCE, 2017) y actualmente escribe un libro sobre el Ejido de Anenecuilco. El doctor Kourí resaltó la injusticia: “Curiosamente, el primer director del museo, nuevo guardián de los documentos, sería el hijo de uno de los comisarios ejidales implicados en el asesinato de Chico Franco: ironías de pueblo chico y revuelto. Y una más, para terminar: los papeles de Anenecuilco siguen escondidos. Por alguna razón ha sido prácticamente imposible consultarlos -o siquiera verlos- desde entonces [1991].[9] Aristegui Noticias presenta -en exclusiva- las cartas de Chico Franco a los presidentes de México, además otros documentos que demuestran las gestiones por recuperar el Ejido de Anenecuilco (1923-1943). El epistolario de Chico Franco destaca entre todos los documentos que resguarda el Museo Casa Zapata; por supuesto, el legajo más importante son los Títulos Primordiales y en segundo lugar el Manifiesto a la Nación de 1915 (permaneció inédito 104 años hasta que lo publicamos en Aristegui Noticias).[10]

El gobierno de Salinas designó al hijo del implicado en la conspiración para asesinar a Chico Franco (un empleado de Nicolás Zapata), el gobierno de Graco Ramírez designó al sobrino de Santiago Aguilar (socio de Nicolás Zapata en el reparto del botín de guerra) y el gobierno de Cuauhtémoc Blanco designó al nieto de Nicolás Zapata para que resguarde el Archivo Chico Franco, el nieto de Nicolás Zapata era policía de tránsito y tablajero (un historiador debe dirigir el Museo Casa Zapata, ningún familiar o socio de Nicolás Zapata puede resguardar los Títulos Primordiales). El PRI, el PRD y  la 4T cometieron una apología del delito designando a los familiares de los asesinos y ladrones en la dirección del Museo Casa Zapata. El Estado debe reparar el daño, el AGN debe rectificar el nombre del “Fondo Guillermo Sotelo Inclán”. Chico Franco sacrificó la vida al resguardar los Títulos Primordiales de Anenecuilco. 

https://aristeguinoticias.com/2608/libros/urge-reivindicar-al-archivo-chico-franco-de-anenecuilco/



[1] Gill, Mario. “Zapata: su pueblo y sus hijos”, en Revista Historia Mexicana, núm. 6, COLMEX, México, octubre-diciembre de 1952.

[2] Knight, Alan. La revolución cósmica. Utopías, regiones y resultados, México 1910-1940, Fondo de Cultura Económica, México, 2015.

[3] Casasús, Mario. Jesús Sotelo Inclán en Morelos, Fundación Zapata/Libertad bajo palabra, México, 2019.

[4] Pruneda, Elvira. “De lo perdido lo que aparezca”, en Hilda Iparraguirre, Massimo De Giuseppe y Ana María González (eds.), Otras miradas de las revoluciones mexicanas (1810-1910), INAH/CONACULTA/ENAH/CONACYT/Juan Pablos Editor, México, 2015.

[5] Salinas, Carlos. “Presentación”, en Alicia Hernández Chávez, Anenecuilco. Memoria y vida de un pueblo, 2ª ed., COLMEX/FCE, México, 1993.

[6] Sotelo Inclán, Jesús. Nueva réplica por Emiliano Zapata, citado por Carlos Barreto en Tamoanchán, El Nacional del Sur, México, 15 de octubre de 1989.

[7] Casasús, Mario. “Entrevista a Concepción Jiménez Alarcón”, en Archipiélago, núm. 96, UNAM, México, junio de 2017.

[8] Kourí, Emilio. “Año de Zapata. Raíz y razón de Zapata”, en Nexos, núm. 502, México, octubre de 2019.

[9] Idem.

[10] González, Héctor. “El periodista Mario Casasús descubre manifiesto inédito del zapatismo”, en Aristegui Noticias, México, 8 de agosto de 2019.

viernes, 24 de julio de 2020

Entrevista con Hernán Lara Zavala


Hernán Lara Zavala: “José Agustín fue el líder y el mejor exponente de la Generación del 68”
Por Mario Casasús/Fotogrammas

Ciudad de México.- El escritor y editor Hernán Lara Zavala (1946), recordó los Encuentros de Narradores que coordinó en Cuautla: “Los escritores viajaban en el tren y las lecturas se hacían en la estación ferroviaria”. Por otra parte, aclaró la mudanza de la cita morelense a Michoacán y Jalisco: “Cambié el Encuentro de Narradores que se hacía tradicionalmente en Morelia, gracias al apoyo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y, cuando terminó su período, pensé en la conveniencia de cambiar el Encuentro a Guadalajara aprovechando el marco de la Feria Internacional del Libro. El cambio resultó muy benéfico porque en ese entonces ni siquiera existía lo que ahora se conoce como El salón literario. El Encuentro de Narradores se convirtió en un gran atractivo, y por fin el Encuentro tuvo un público que no se limitaba a los propios participantes”.

MC.- Maestro Lara Zavala, ¿cuándo conoció a José Agustín?
HL.- A José Agustín lo conocí primero como autor, principalmente con La tumbaDe perfil e Inventando que sueño, libros muy importantes para mi generación y para las subsiguientes. Él renovó el lenguaje de la novela y abrió infinidad de puertas para diversos metalenguajes, jergas y lunfardos. También sus crónicas de rock fueron muy novedosas y originales. Personalmente lo fui conociendo principalmente en los Encuentros de Narradores.

MC.- Antes de su nombramiento en la Dirección de Literatura de la UNAM, ¿usted asistió a los Encuentros de Narradores de Cuautla?
HL.- Sí, asistí al primer gran Encuentro invitado por Marco Antonio Campos, a la sazón Director de Literatura, donde participaron infinidad de autores.

MC.- ¿Hubo alguna diferencia en la dinámica entre los Encuentros coordinados por Marco A. Campos y los que usted coordinó?
HL.-Me parece que el formato era más o menos semejante. Marco Antonio apoyó mucho a las generaciones emergentes sin descuidar a los autores consagrados.

MC.- He visto fotografías del Encuentro de 1992 en los andenes del Ferrocarril de Cuautla, ¿por qué cambiaron la sede del Museo Casa de Morelos?
HL.- Esa ocasión fue una coyuntura especial. Los escritores viajaban en el tren y las lecturas se hacían en la estación ferroviaria. Hubo otros Encuentros del tipo, en Veracruz y en Guadalajara.

MC.- El año pasado murió Carlos Barreto Mark, el cofundador de los Encuentros en 1983, ¿usted recuerda al profe Barreto?
HL.- Claro, era el que se encargaba de toda la logística de los Encuentros. Muy cercano a Agustín, muy entusiasta y un gran promotor. Con él coordiné un encuentro en Cuautla al que titulamos: “Femenino-Masculino”, en donde si mal no recuerdo participaron 10 hombres y 10 mujeres.

MC.- ¿Cuántos Encuentros de Narradores coordinó usted en Cuautla?
HL.- No recuerdo cuántos pero no fueron muchos.

MC.- ¿Cuál fue el último Encuentro?
HL.- El último, si mal no recuerdo, fue precisamente el Encuentro de 10 escritoras y 10 escritores: “Femenino-Masculino”, participaron: Laura Esquivel, Josefina Estrada, María Luisa Puga, Silvia Molina, Carmen Boullosa y otras autoras. Chécalo porque como bien sabes la memoria es más infiel que tú y yo. Permíteme investigar y te comentaré el dato exacto. El organizador era Barreto y nos ofrecieron una cena-baile al final. El jefe era, como yo le digo, José Agustín.

MC.- ¿Cómo seleccionaron a los participantes de los Encuentros de Narradores?
HL.- La selección se hacía a partir de los autores y autoras que estaban vigentes por sus publicaciones, más los que sugerían Barreto y Agustín, y por supuesto algunos invitados especiales.

MC.- ¿Por qué se cancelaron los Encuentros de Narradores de Cuautla?
HL.- Yo no tuve mayor injerencia en que se hayan suspendido. Tengo la impresión de que faltó el apoyo institucional, seguramente por cuestiones de dinero.

MC.- Marco Antonio Campos dice que usted se llevó los Encuentros a la Feria del Libro de Guadalajara, ¿desmiente o confirma este dato?
HL.- No, lo que yo hice fue cambiar el Encuentro de Narradores que se hacía tradicionalmente en Morelia, gracias al apoyo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y, cuando terminó su período, pensé en la conveniencia de cambiar el Encuentro a Guadalajara aprovechando el marco de la Feria Internacional del Libro. El cambio resultó muy benéfico porque en ese entonces ni siquiera existía lo que ahora se conoce como El salón literario. El Encuentro de Narradores se convirtió en un gran atractivo, y por fin el Encuentro tuvo un público que no se limitaba a los propios participantes.

MC.- ¿Podrían reeditar los Encuentros en Cuautla para hacer un homenaje a José Agustín?
HL.- Creo que sería un acto de justicia poética. José Agustín fue el líder y el mejor exponente de lo que yo llamaría la “Generación del 68”. Su obra fue un parteaguas en la literatura latinoamericana. Creo que sería muy importante que se le organizara un homenaje en reconocimiento a su enorme aportación a la literatura mexicana.

MC.- Finalmente, ¿apoyaría la propuesta para que José Agustín reciba el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Morelos?
HL.- Me uno totalmente a la iniciativa.


Fotos: Barry Domínguez