viernes, 27 de abril de 2018

Entrevista con Salvador Rueda


Salvador Rueda: “Detrás del zapatismo está el respeto a la palabra, a la dignidad de la gente y el apego a la tierra”
Por Mario Casasús

Ciudad de México.- En entrevista con Resumen Latinoamericano, Salvador Rueda Smithers (1954), director del Museo Nacional de Historia, recuerda al profesor Jesús Sotelo Inclán: “Le podría decir que todos los que nos hemos dedicado al zapatismo somos discípulos indirectos del maestro Sotelo Inclán. De alguna manera hemos hablado del calpuleque, lo asumimos, después revisamos el concepto y encontramos otros datos, pero siempre es indispensable referirse a Raíz y razón de Zapata, de hecho, la idea de encontrar detrás del movimiento zapatista una historia tan antigua, centenaria, eso fue descubrimiento de don Jesús y todos los zapateros, ‘zapatero a tus zapatos’, todos estamos en deuda con don Jesús”. El maestro Rueda Smithers es uno de los zapatólogos más importantes de México y reconoce que  su trayectoria académica comenzó al leer las investigaciones de Jesús Sotelo Inclán.

Salvador Rueda Smithers es licenciado en Historia por la UNAM y maestro en Estudios del Arte por la Universidad Iberoamericana, publicó las investigaciones: El diablo de la Semana Santa. Discurso político y orden social en la ciudad de México en 1850 (1991); El paraíso de la caña (1998); Pinceles mexicanos. Tres mil años de pintura (1998); La Esencia de México (2000) y Tras los secretos de un bautizo. Ensayo sobre un cuadro barroco (en prensa). Además es coautor del Catálogo del Archivo del General Genovevo de la O (con Martha Rodríguez, 1979); de la antología Emiliano Zapata (con Laura Espejel y Alicia Olivera, 1988) y del libro iconográfico Zapata en Morelos (con María Elena Noval, 2009), entre otros títulos.   

El director del Castillo de Chapultepec no descarta exhibir los facsimilares de los Documentos Primordiales de Anenecuilco, en la opinión de Rueda Smithers: “No se me había ocurrido, pero no es una mala idea lo que usted me propone. El próximo año tenemos un programa establecido de exposiciones, ya habíamos hecho un par de exposiciones sobre Zapata en 2010 y 2011, esta vez tenemos una agenda diferente: vamos a apoyar exposiciones sobre Zapata en otros lugares, no en el Castillo de Chapultepec”. A título personal tiene planeado conmemorar el 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán en octubre de 2019: “Me gustaría platicar con la gente de la zona de Cuautla y con los estudiosos de la historia de Morelos, pero no solamente sobre Raíz y razón de Zapata. Me gustaría saber qué trabajos había hecho don Jesús sobre los asesinatos de Chiconcuac y San Vicente”.

MC.- ¿Cuándo conoció a Jesús Sotelo Inclán?
SR.- Si mal no recuerdo, conocí al maestro Jesús Sotelo Inclán el 10 de abril de 1974 en Cuautla, nos reunimos con Alicia Olivera y Carlos Barreto, la primera vez casi no platiqué con don Jesús, yo era un estudiante y escuché la conversación de los tres historiadores. La segunda vez que lo vi debió ser en 1975, aquí en el Castillo de Chapultepec, cuando vinieron Rosalind Rossoff y Anita Aguilar, las coautoras del libro Así firmaron el plan de Ayala (1976).  

MC.- También estuvieron tres sobrevivientes del Plan de Ayala.
SR.- Exactamente, ellas hicieron las entrevistas con los tres sobrevivientes del Plan de Ayala. Sotelo Inclán y Alicia Olivera estuvieron platicando por largo tiempo en el Castillo de Chapultepec, aquella vez recordaron la entrevista que le hicieron Alicia Olivera y Eugenia Meyer a don Jesús en 1970 y mencionaron un par de entrevistas con otros zapatistas, entre ellos el doctor Juan Olivera y Gustavo Baz.

MC.- ¿El maestro Sotelo Inclán fue precursor del programa de historia oral?
SR.- De la tradición oral sí, de la historia oral no, son cosas diferentes. Aunque él había tenido contacto con Chico Franco, no hizo exactamente historia oral, eso lo acercó a la maestra Alicia, se conocían de mucho tiempo antes, no recuerdo las circunstancias, pero se trataban con mucha familiaridad. Don Jesús hizo lo que anunció en el título de su libro: encontró la raíz, una raíz tradicional, en su momento sostuvo que Zapata provenía de la tradición de los calpuleques de origen prehispánico, ahora sabemos que no, son cargos que tienen una posible semejanza con un cargo prehispánico, pero que están respaldados por el derecho castellano, es decir, por las formas de propiedad de la tierra y el respeto a la existencia de esos pueblos que ya aparecen en el Códice Mendocino. Lo que hizo don Jesús fue reconocer que detrás del movimiento zapatista no hay bandolerismo, lo que se decía en la época cuando escribió el libro, el zapatismo tampoco surgió por el Artículo 3 del Plan de San Luis, lo que tradicionalmente se manejaba en la historia de la revolución hasta 1943. Lo que don Jesús encontró fue que detrás del movimiento zapatista está el respeto a la palabra y a la dignidad de la gente, está un gran respeto y apego a la tierra en donde naciste.    

MC.- Usted menciona con insistencia a la maestra Alicia Olivera, ¿quiénes son los discípulos de Sotelo Inclán?
SR.- Le podría decir que todos los que nos hemos dedicado al zapatismo somos discípulos indirectos del maestro Sotelo Inclán. De alguna manera hemos hablado del calpuleque, lo asumimos, después revisamos el concepto y encontramos otros datos, pero siempre es indispensable referirse a Raíz y razón de Zapata, de hecho, la idea de encontrar detrás del movimiento zapatista una historia tan antigua, centenaria, eso fue descubrimiento de don Jesús y todos los zapateros, “zapatero a tus zapatos”, todos estamos en deuda con don Jesús.

MC.- Maestro, ¿qué descubrió en la relectura de “Raíz y razón de Zapata”?
SR.- Cuando leí el libro de viejo, tengo 64 años, me pareció fascinante la manera en que don Jesús llegó a una gran historia, a través de la idea de construir un personaje, primero pensándolo como un personaje trágico para escribir una obra de teatro y después logró llegar a la raíz de Zapata, eso me pareció sensacional, son cosas que uno va entendiendo de viejo.

MC.- ¿Hace falta una edición crítica de “Raíz y razón de Zapata”?, para aclarar el concepto del calpuleque, incorporar los hallazgos en el aparato crítico y comparar la versiones de 1943 y 1970.
SR.- Yo creo que no estaría nada mal que se hiciera una lectura crítica, de cualquier manera la historiografía zapatista ya hizo tangencialmente una serie de ajustes y acomodos, comenzando con John Womack –al mismo Sotelo Inclán le parecía magnífica la obra de Womack-, ya se le fueron haciendo los ajustes. Yo no quisiera ser grosero, pero recuerdo una afirmación de Edward Hallet Carr, cuando se refería -en 1964- a los historiadores de principios del siglo XX, decía: “lo que debemos seguir es su ejemplo de erudición, pero no podemos aceptar como válido lo que están diciendo del pasado”, porque se han encontrado muchas otras cosas y todo se ha visto con otra perspectiva; de entrada nos hemos metido a los archivos. Don Jesús conoció el archivo que tenía Francisco Chico Franco, y Womack trabajó con el archivo de Gildardo Magaña. A partir de ahí, Alicia Olivera, Laura Espejel, Carlos Barreto, Francisco Pineda, Edgar Castro Zapata, Felipe Ávila, Edgar Rojano y yo, para hablar de los que conozco, nos hemos metido a los archivos de Genovevo de la O y Francisco Mendoza, al Archivo del Cuartel General, hemos buscado y encontrado vetas documentales que no conoció don Jesús, si no cambia totalmente la perspectiva, cuando menos se van nutriendo de acontecimientos muy singulares las distintas facetas que tenía el zapatismo, no solamente en Anenecuilco, eso el mismo Sotelo Inclán lo reconocía.

MC.- Don Jesús proponía, en “Raíz y razón de Zapata”, que los Documentos Primordiales de Anenecuilco estuvieran en el Museo de Historia Nacional, ¿el Castillo de Chapultepec podría exhibir los facsimilares del archivo que resguardaba Chico Franco?
SR.- No se me había ocurrido, pero no es una mala idea lo que usted me propone. El próximo año tenemos un programa establecido de exposiciones, ya habíamos hecho un par de exposiciones sobre Zapata en 2010 y 2011, esta vez tenemos una agenda diferente: vamos a apoyar exposiciones sobre Zapata en otros lugares, no en el Castillo de Chapultepec. Lo que usted cita, don Jesús se refería al antiguo Museo de Historia Nacional, el Castillo de Chapultepec abrió sus puertas en 1944. El Instituto Nacional de Antropología e Historia se fundó en 1939, así que don Jesús está hablando todavía del museo en la calle Moneda, exactamente del otro lado del Palacio Nacional estaba el Archivo General de la Nación, todo estaba circunscrito al Palacio Nacional, creo que era la intención simbólica de don Jesús, traduciendo sus palabras, creo él pensaba que el corazón de la historia de México estaba en el Palacio Nacional, del lado norte, y en el Archivo General de la Nación, del lado sur.   

MC.- A título personal, ¿en qué homenaje le gustaría participar para conmemorar el 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán?
SR.- Me gustaría platicar con la gente de la zona de Cuautla y con los estudiosos de la historia de Morelos, pero no solamente sobre Raíz y razón de Zapata. Me gustaría saber qué trabajos había hecho don Jesús sobre los asesinatos de Chiconcuac y San Vicente, yo llegué a trabajar el tema por iniciativa del propio don Jesús y porque en algunos de los textos refiriéndose al zapatismo mencionaban las dos masacres, el único que estaba trabajando en serio este tema era don Jesús. Después publiqué un pequeño ensayo hace 10 años, no conozco el archivo de don Jesús, valdría la pena publicar sus notas y las cosas que él estaba encontrando sobre San Vicente y Chiconcuac porque nos daría una visión más clara del conflicto entre el ser campesino con el derecho español que estaba cambiando y la depredación de los hacendados de mediados del siglo XIX. Me encantaría que viéramos un Sotelo Inclán renovado y renacido.

MC.- En la entrevista de 1970, don Jesús recordó las masacres de San Vicente y Chiconcuac porque Alicia Olivera había visitado la región.
SR.- Sí, don Jesús le dijo que estuvo parada en un “polvorín”.

MC.- En la misma entrevista, don Jesús mencionó por primera vez sus hallazgos altamiranistas. ¿Era un secreto a voces entre los amigos de Sotelo Inclán la investigación de “Raíz y razón de Altamirano”? 
SR.- Para ser sincero, usted me está hablando de cuando yo era un chamaco, sólo tenía en la cabeza a Emiliano Zapata, para mí era el personaje en la historia, Altamirano me parecía un personaje de la prehistoria. Escuchaba hablar a la maestra Alicia Olivera y a don Jesús, no crea usted que les hacía mucho caso, ni me acuerdo, no sé si llegaron a comentar la biografía Raíz y razón de Altamirano, supongo que sí, porque Alicia y Eugenia admiraban a Ignacio Manuel Altamirano, les parecía un personaje singular y radical del liberalismo decimonónico, pero no sé qué conversaron con don Jesús y para dónde iban sus investigaciones, como decían los zapatistas: “era yo chamaco y no me daba cuenta”.

MC.- Finalmente, el archivo de Jesús Sotelo Inclán está envuelto en una polémica, su hermano Guillermo le vendió a Carlos Salinas los Documentos Primordiales. ¿Usted tiene algún antecedente?
SR.- ¿Usted se acuerda que Alicia Hernández Chávez publicó una parte del archivo?, creo que el Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica coeditaron el libro Anenecuilco Memoria y vida de un pueblo.

MC.- Sí, el libro salió en 1991, con un prólogo de Salinas.
SR.- Ahora que usted me cuenta esto, yo no había caído en cuenta del destino del archivo de don Jesús, ¿por qué no le escribe una carta a Carlos Salinas?

MC.- Pensaré el tono de la carta a Salinas, gracias por el consejo y por su tiempo.
SR.- Gracias a usted, si necesita algún dato adicional puede hablarme por teléfono, también puede buscarme en el museo.

martes, 24 de abril de 2018

Entrevista a Lucino Luna


Lucino Luna: “El Museo Casa Zapata se enriquecerá por la exhibición de las piezas que rescatamos”
Por Mario Casasús

Anenecuilco.- El cronista Lucino Luna dirigió el Museo Casa Zapata durante 23 años: “Al principio era un museo chiquito, se llamaba: Museo por la lucha de la tierra, no tenía nada, yo me puse a buscar carabinas de la revolución, documentos y fotografías. Conseguí una espada plateada de 1911 -tiene la empuñadura con el águila del porfiriato-, recuperé una escopeta de dos tiros, un petate zapatista y varias piezas prehispánicas”. Luna Domínguez tramitó su jubilación en 2016: “Llegó el momento en que me tenía que ir del museo por razones de edad, sentí que ya era hora, le avisé a mis jefes de la Secretaría de Cultura que me quería retirar, me costó trabajo tomar la decisión, no me arrepiento, pero ya estoy afuera del museo y sigo trabajando por mi cuenta. Cuando se reinaugure el Museo Casa Zapata te va a gustar, se enriquecerá por la exhibición de las piezas que rescatamos y por los 5 óleos de Antuñano”.

Lucino Luna está orgulloso por sus aportes museográficos, le costó trabajo conseguir el financiamiento para los 5 óleos de Antuñano: “Llevaba al pintor a la tienda de raya y hacía los bosquejos… Meses después, leyendo documentos sobre Zapata me di cuenta que describen su salida de la Iglesia por el lado del panteón. Vi al presidente municipal Juan Nolasco y le dije: ‘necesitamos otro óleo con la salida de Zapata del pueblo’, el alcalde respondió: ‘vamos a hablar con la Fundación BANAMEX’, ellos financiaron el segundo óleo… en el tercer óleo pintó la casa de Zapata con su tecorral, le dije que pintara ‘un perro meco’ y guajolotes, porque un documento marca: ‘la familia Zapata tenía guajolotes y animales de otra especie’. El cuarto óleo representa la salida de Zapata de Villa de Ayala, y en el quinto óleo pintó el solar donde encontraron a Ehécatl, llamaban al lugar La Cofradía, ahí organizaban las jugadas de toros, investigué qué jugadas de toros hacía Zapata”.

A pesar de terminar su relación laboral con el museo, Lucino sigue al pendiente de la reinauguración, en la víspera de octubre de 2019 propone: “Me gustaría que las autoridades –el comisariado ejidal, el ayudante y el presidente municipal- organicen un homenaje póstumo nombrando la Sala Jesús Sotelo Inclán, quiero que coloquen una placa en la sala principal del museo para que reconozcan el trabajo del profesor”. Finalmente, discrepo con Lucino en un punto, no entiendo la negativa para exhibir los Documentos Primordiales de Anenecuilco, en sus palabras: “Soy de la idea de que no debes atiborrar de documentos un museo, si puedes mostrar un arma muestra un arma, es más atractivo y voluminoso. Anenecuilco tiene para dar y prestar, yo recuperé objetos porque aquí nací y conozco a la gente, sabía combinar mi tiempo con mis amigos, les decía: ‘regala el rifle de tu abuelo al museo’, me costó mucho trabajo hacer llegar cosas importantes. Yo te escuchaba en la presentación del libro, tú hacías una pregunta, le sugerías a Enrique que en el museo se colocaran los facsimilares de los Documentos Primordiales, pero yo digo que sólo muestres documentos que sean inéditos, que no sean los mismos que menciona Sotelo Inclán, para que veas algo nuevo”.   

MC.- Lucino, ¿cómo recuperaron el terreno para construir el Museo Casa Zapata?
LL.- El profesor Jesús Sotelo Inclán llegó a Anenecuilco en 1937, le interesaba conocer la biografía de Emiliano Zapata y entrevistó a varias personas de acá, después hizo una gran amistad con Chico Franco, al final de cuentas le muestra los Documentos Primordiales de Anenecuilco y le muestran el Archivo Eclesiástico que en aquella época estaba más completo. De toda la investigación nació su libro Raíz y razón de Zapata (1943), en una de sus páginas, Sotelo Inclán expresa que quiere para Anenecuilco un museo en la casa de Zapata con una sala prehispánica, una sala revolucionaria y una sala iconográfica. Yo pensé: “voy a ayudarlo para que se haga realidad lo que quiere el profesor”, pero nunca lo pude ver, yo trabajaba como inspector en Zacatepec y cuando llegaba a buscarlo al museo me decían: “se acaba de ir”. Una vez llegó a comer a la casa de mi tía Esperanza Franco, llegué corriendo desde Zacatepec pero se acababa de ir. Luego me di cuenta que Sotelo Inclán se murió en un accidente automovilístico, por mi cuenta comencé a investigar. Santana Bustos era comisariado ejidal y el ayudante municipal era Juan Nolasco Vázquez, ellos hablaron con el gobernador Antonio Riva Palacio, él designó a la licenciada Patricia Elton –que estaba en eventos especiales-, visitó el museo para preguntarme de qué se trataba el proyecto, una semana después me invitaron al Palacio de Gobierno para ofrecerme la dirección del Museo Casa Zapata.

MC.- ¿En qué año te nombraron director del museo?
LL.- En 1993. Me dieron escalofríos porque adquirí un compromiso muy fuerte. Mi primer jefe fue Gabriel Efraín Castillo, Director de Bibliotecas del Estado de Morelos. Al principio era un museo chiquito, se llamaba: Museo por la lucha de la tierra, no tenía nada, yo me puse a buscar carabinas de la revolución, documentos y fotografías. Conseguí una espada plateada de 1911 -tiene la empuñadura con el águila del porfiriato-, recuperé una escopeta de dos tiros, un petate zapatista y varias piezas prehispánicas.

MC.- ¿El museo no tenía nada?, ¿y los Documentos Ancestrales de Anenecuilco?
LL.- Cuando llegué al museo ya habían traído los Documentos que tenía Jesús Sotelo Inclán, los trajo su hermano, se los entregó a Salinas y Salinas al pueblo. Yo entré hasta después. El mural también ya estaba, lo hizo Roberto Rodríguez Navarro. Yo llegué y arranqué, me di cuenta que iba a ser bien difícil, pero empecé poco a poco, hasta que logré que se reunieran gran cantidad de armas, documentos, fotografías y piezas prehispánicas. Lo que había soñado Sotelo Inclán ya estaba allí, se hizo la museografía, seguí recuperando más objetos pero se quedaban en la bodega y mandé a pintar 5 óleos que tampoco se exhibían.

MC.- ¿Fue tu iniciativa invitar a Luis de Antuñano para que hiciera 5 óleos?
LL.- Fue mi propuesta, yo contraté a Luis de Antuñano, lo llevé a conocer los paisajes que nunca se imaginó: la tienda de raya, los túneles y el cerro del ídolo. Hizo 5 óleos que miden 2.20 X 1.20, si los colocas juntos cubren 14 metros contando las fichas técnicas.

MC.- Conozco los 5 óleos, pero la mayoría de los lectores no los han visto, ¿qué paisajes representan?
LL.- Uno te muestra la tienda de raya, que fue construida en 1881 por los dueños de la hacienda del hospital, en ese campo llegaban carretas para acarrear la caña, para 1905 entró un tren chiquito de vapor, encontré una fotografía del tren que entraba a recoger la caña, doné la foto al museo.

MC.- ¿Quién conserva la máquina de vapor?
LL.- He investigado pero nadie me da razón del tren, sólo quedaron las fotos.

MC.- ¿Cuál era el criterio para incluir a las personas, los objetos y animales en los 5 óleos?
LL.- Llevaba al pintor a la tienda de raya y hacía los bosquejos. Don Luis me decía: “¿qué crees?, me faltan algunos detalles”, así que regresamos varias veces a la tienda de raya. Meses después, leyendo documentos sobre Zapata me di cuenta que describen su salida de la Iglesia por lado del panteón. Vi al presidente municipal Juan Nolasco y le dije: “necesitamos otro óleo con la salida de Zapata del pueblo”, el alcalde respondió: “vamos a hablar con la Fundación BANAMEX”, ellos financiaron el segundo óleo que pintó don Luis, yo le decía: “en lugar de una barda moderna ponga un tecorral, y en la calle pinte las piedras con polvo”. Don Luis es un gran paisajista, en el tercer óleo pintó la casa de Zapata con su tecorral, le dije que pintara “un perro meco” y guajolotes, porque un documento marca: “la familia Zapata tenía guajolotes y animales de otra especie”. El cuarto óleo representa la salida de Zapata de Villa de Ayala, y en el quinto óleo pintó el solar donde encontraron a Ehécatl, llamaban al lugar La Cofradía, ahí organizaban las jugadas de toros, investigué qué jugadas de toros hacía Zapata, llevé a don Luis al solar, le enseñé donde estaban los mezquites, así se aventó los 5 óleos.

MC.- ¿La gente donó piezas prehispánicas al museo?, ¿conociste la escultura de Ehécatl que se perdió en Anenecuilco?
LL.- En 1972 encontraron a Ehécatl, yo estaba muy joven, corrí a verlo, recuerdo que la gente se alborotó porque encontraron un ídolo a dos cuadras de la casa de Zapata, mientras rascaban en un solar para construir la Escuela Eufemio Zapata Salazar. Yo lo vi, era un ídolo precioso, de este vuelo de altura (Lucino señala su cintura), ese ídolo no lo cuidaron, lo dejaron en la Ayudantía Municipal y a los ocho días desapareció. Quedó comprobado que había vestigios prehispánicos, incluso la Iglesia de Anenecuilco está montada en el basamento de una pirámide, también en el cerro del ídolo y en el campo de huajar hay vestigios prehispánicos, se debió hacer un comité en Anenecuilco para rescatar nuestro pasado prehispánico, pero no se hizo nada.       

MC.- ¿Podrías mencionar otro aporte para el Museo Casa Zapata?
LL.- Logré hacer un documental que se llama: Monumentos históricos del pasado de Anenecuilco, dura 15 minutos, en el documental muestro lo que no se ve, lo que la gente no alcanza a ver porque los libros de historia no te lo enseñan, yo logré ese objetivo. Pero llegó el momento en que me tenía que ir del museo por razones de edad, sentí que ya era hora, le avisé a mis jefes de la Secretaría de Cultura que me quería retirar, me costó trabajo tomar la decisión, no me arrepiento, pero ya estoy afuera del museo y sigo trabajando por mi cuenta. Cuando se reinaugure el Museo Casa Zapata te va a gustar, se enriquecerá por la exhibición de las piezas que rescatamos y por los 5 óleos de Antuñano.

MC.- ¿Cuándo planean reinaugurar el Museo Casa Zapata?
LL.- No sé, el terremoto nos dañó en todos los sentidos. Enrique Anzures, el nuevo director, me hablará cuando le den luz verde sus jefes, porque yo tengo que estar ahí, la museógrafa me tiene que hacer preguntas.

MC.- En abril de 2016, me comentaste que invitaron al historiador Francisco Pineda para que escribiera el guión museográfico, ¿en qué terminó la propuesta?
LL.- Le dije a mi entonces jefe, el arquitecto Valtierra invitó al doctor Francisco Pineda a Cuernavaca, porque yo quería que Francisco Pineda interviniera con sus ideas, porque es un hombre talentoso y muy humilde, Pineda te entiende y te escucha. Dio sus puntos de vista, ya no supe más porque me jubilé, estoy esperando que vengan a hacer la museografía y que me inviten para la reinauguración.

MC.- Durante la transición entregaste un inventario al nuevo director, ¿están completos los Documentos Primordiales de Anenecuilco?
LL.- Lo que te voy a decir no quiero que lo publiques, aunque lo tengas grabado.

(Después de escuchar su testimonio -off the record- seguimos con la entrevista).

MC.- ¿Por qué nunca exhibieron los Documentos Primordiales?
LL.- Soy de la idea de que no debes atiborrar de documentos un museo, si puedes mostrar un arma muestra un arma, es más atractivo y voluminoso. Anenecuilco tiene para dar y prestar, yo recuperé objetos porque aquí nací y conozco a la gente, sabía combinar mi tiempo con mis amigos, les decía: “regala el rifle de tu abuelo al museo”, me costó mucho trabajo hacer llegar cosas importantes. Yo te escuchaba en la presentación del libro, tú hacías una pregunta, le sugerías a Enrique que en el museo se colocaran los facsimilares de los Documentos Primordiales, pero yo digo que sólo muestres documentos que sean inéditos, que no sean los mismos que menciona Sotelo Inclán, para que veas algo nuevo, esa es mi idea, yo no digo que no sea bueno que veas muchos documentos, pero se trabajó tanto para hacer cosas hermosas.

MC.- En 1947 asesinaron al guardián de los Documentos Primordiales, ¿quién secuestró y asesinó a Chico Franco?
LL.- Ya lo escribió Sotelo Inclán, los familiares de Chico Franco le dieron la versión que escribió en Raíz y razón de Zapata. En mi caso, no tiene caso volver a reescribir lo que ya está escrito, se dieron las situaciones lamentables, ni modo, son cosas de la vida. Esperanza Franco lo relata de viva voz, que era sangre de este señor, no tiene caso repetir algo que ya está dicho.

MC.- ¿Con quién conversaba Jesús Sotelo Inclán en Anenecuilco?
LL.- Santiago Aguilar Ortiz y Napoleón Domínguez Aguilar fueron grandes amigos del profesor Sotelo Inclán. Mi hermano Juan Luna Domínguez también dialogó con don Jesús. Probablemente María Félix Aragón Franco te puede decir algo.

MC.- En la víspera del 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, ¿cómo te gustaría rendirle un homenaje?
LL.- De Sotelo Inclán tenemos que admirar, te lo digo con honestidad, que quiso a Anenecuilco más que muchos de nosotros, dijo cosas tan hermosas de nuestro pueblo sin ser de aquí. Me gustaría que las autoridades –el comisariado ejidal, el ayudante y el presidente municipal- organicen un homenaje póstumo nombrando la Sala Jesús Sotelo Inclán, quiero que coloquen una placa en la sala principal del museo para que reconozcan el trabajo del profesor.

MC.- Nuestro amigo Edgar Castro Zapata propone instalar un busto de bronce en la entrada del Museo Casa Zapata.
LL.- Magnífico.

MC.- Para nosotros no es suficiente la mención del mural inspirado en “Raíz y razón de Zapata”.
LL.- No creo que diga eso el mural del museo.

MC.- El crédito está en la esquina inferior derecha.
LL.- Yo digo que en el museo pongan una placa sencilla: “Sala de exhibición Jesús Sotelo Inclán”. Pero al irme del museo perdí todo contacto, sería lindo que las autoridades de Anenecuilco organicen un homenaje póstumo.   

MC.- Finalmente, después de la jubilación ¿en qué proyecto estás trabajando?          
LL.- Quiero reeditar mi libro Anenecuilco. El origen del caudillo (2012), estoy conversando con Fausto (editor de Libertad bajo palabra), espero convencerlo para que imprima mi libro en tamaño carta, porque en un formato chiquito no van a lucir las fotos ni los documentos. Es un libro que vale la pena.

*Entrevista realizada para la antología: El municipio de Ayala. Apuntes desde su historia (Libertad bajo palabra, 2018).

viernes, 30 de marzo de 2018

Entrevista con Edgar Castro Zapata


Edgar Castro Zapata: “Exijo una auditoria al gobierno de Morelos, ¿dónde está la memoria escrita de Anenecuilco?”
Por Mario Casasús

Cuautla.- En entrevista con Resumen Latinoamericano, Edgar Castro Zapata (1981), historiador y presidente de la Fundación Zapata, denuncia: “Acompañé a mi abuelo a la ceremonia de entrega del Archivo de Anenecuilco en 1991, me impactó ver las cajas negras, los documentos pasaron por un proceso de conservación, pero los custodios del Museo Casa Zapata no hicieron un trabajo de difusión, hay un hermetismo para corroborar si los Documentos están en el Museo Casa Zapata. Como historiador y familiar me interesa ver los Documentos Primordiales de Anenecuilco expuestos, o los facsimilares, para saber en qué estado se encuentran, cuestionar a las autoridades de Morelos y hacer una auditoria: ¿dónde está la memoria escrita de Anenecuilco?, sabemos que Guillermo Sotelo Inclán le vendió los Documentos a Carlos Salinas, no me equivoco: Salinas sí compró el Archivo de Anenecuilco”.

El historiador Edgar Castro Zapata prepara la conmemoración del centenario luctuoso del líder revolucionario: “Aparte de ser familiar del general Zapata, tengo un compromiso como historiador. Aparte del Archivo de los veteranos, tengo el archivo personal de mi abuelo –de 1917 a 2007-, conservo los registros de todas las luchas que emprendió a favor de los campesinos y los veteranos, voy a ofrendar el próximo año a la memoria del general Zapata y su hijo Mateo, publicaré el libro iconográfico: Emiliano Zapata. Cien años, sobre la construcción que el mismo sistema político mexicano ha tergiversado para la manipulación de los campesinos, quiero hacer el recorrido histórico, un análisis sobre la imagen de Zapata –sigue siendo incómoda para el sistema político, a ellos les conviene manipular la imagen de Zapata-“.

También planea reivindicar al autor de Raíz y razón de Zapata: “Creo que en 2019 podemos reunir a los zapatólogos y sumarlos a la conmemoración del 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, me gustaría animar a los académicos que conocieron a don Jesús para organizar una mesa de debate y rendirle homenaje. Tal vez me estoy adelantando: quisiera develar un busto de Sotelo Inclán en el Museo Zapata, uno de los objetivos de Raíz y razón de Zapata era recuperar la casa natal de Zapata en 1943, don Jesús quería destinar las regalías de la reedición de su libro para rehabilitar el jacal de la familia Zapata Salazar”. El homenaje sería al margen de la familia Sotelo Inclán, Edgar Castro Zapata reprocha el egoísmo y la rapiña de Alfonso Inclán: “Los sobrinos de Sotelo Inclán no deben acaparar la información que dejó don Jesús, su archivo no le pertenece a un sobrino, si él quiere sacar un beneficio económico que lo diga abiertamente, lo importante es reconstruir la biografía del biógrafo de Zapata”.

MC.- Edgar, hace un par de años me comentaste que en tu niñez le preguntabas a Mateo Zapata: “¿quién es el mariachi de la foto?”, tu abuelo te regaló “Raíz y razón de Zapata” para que entendieras quién era su padre Miliano Zapata. ¿Cuándo decides estudiar historia y especializarte en el zapatismo?
ECZ.- Influyó el regalo de mi abuelo, Raíz y razón de Zapata fue el primer libro que leí en la secundaria, me marcó mucho el libro de Sotelo Inclán, comprendí que Emiliano Zapata no era el “mariachi” que imaginaba que estaba cantando en la Alameda de Cuautla, entendí que era un personaje verídico con una clara visión de la justicia social para su pueblo. También influyeron las tardes de los fines de semana que estaba con mi abuelo Mateo y lo entrevistaba, él sabía que todas las entrevistas que grabamos las presentaría hasta egresar de la carrera de Historia. Desgraciadamente mi abuelo no me acompañó en la graduación como licenciado en historia, mis estudios sobre el zapatismo son un homenaje a la memoria de mi abuelo Mateo porque me heredó toda la admiración a su padre, pero te aclaro que mi abuelo no quiso idealizar a Emiliano Zapata, me dio las herramientas para que yo cuestione al personaje histórico, eso me favoreció.  

MC.- Hemos conversado sobre el miedo que tenía tu abuelo de niño por la persecución al zapatismo, sin embargo, ¿qué te decía Mateo Zapata sobre su padre?
ECZ.- Mi abuelo tenía 2 años cuando asesinaron a su padre en Chinameca, Mateo nació el 21 de septiembre de 1917, lo que logró reconstruir, por los testimonios de su madre María de Jesús y de su abuela Petra, es que el día que nació en la hacienda de Temilpa en Tlaltizapan, Emiliano Zapata se trasladó de su cuartel en Tlaltizapan a la hacienda para estar en el parto, el general se emocionó de tener un varón y le puso su nombre: “Mateo Emiliano”, en sus ratos de asueto durante la revolución iba a visitar a la familia y le exigía a doña Petra que montaran al niño en su caballo, para llevarlo a pasear por los campos de Temilpa con su hijo Mateo Emiliano. Posteriormente llegó la invasión de los carrancistas, fue la última vez que vieron al general Emiliano Zapata.   

MC.- Al pasar los años, tu abuelo fue recolectando testimonios de los zapatistas, compró libros sobre la revolución y recuperó algunos objetos personales de su padre. ¿En qué consiste el archivo de Mateo Zapata?, ¿cuándo comenzaste a trabajar en el legado de tu abuelo?
ECZ.- El archivo que construyó mi abuelo durante una vida, comenzó en la década de 1940, cuando se formalizó la creación del Frente Zapatista de la República, en Cuautla, con los sobrevivientes del Ejército Libertador del Sur, en 1945 estaban: los generales Genovevo de la O y Francisco Mendoza Palma y el doctor José G. Parres, los hijos del general Zapata eran miembros honorarios del Frente Zapatista, eso le permitió a mi abuelo recopilar la información para que tuvieran herramientas legales para exigir pensiones para los veteranos de la revolución. Posteriormente se dio a la tarea de validar a los veteranos que sí estuvieron dentro del Ejército Libertador del Sur, ese mismo archivo se ha incrementado con el transcurso de los años porque de 1945 a 2011 solamente tenían el beneficio de la pensión los veteranos, pero de 2011 a la actualidad se amplió el beneficio a las viudas hijos y nietos de la revolución. Lo enriquecedor es saber que las familias morelenses todavía tienen la conciencia y el orgullo de que un pariente suyo fue zapatista, se sienten orgullosos de tener en las venas la sangre de un veterano revolucionario.
Lo que ahora hacemos en la Fundación Zapata es difundir el archivo, digitalizarlo, porque desgraciadamente si descuidamos un archivo se puede perder o deteriorar, en la actualidad nos vinculamos con instituciones académicas para la difusión y digitalización del archivo que inició mi abuelo Mateo.   

MC.- ¿Cuándo iniciaron las actividades de la Fundación Zapata?, ¿cómo lograron extender el beneficio de las pensiones para las viudas de la revolución?
ECZ.- Iniciamos a trabajar con la Fundación Zapata en 2009, pero la lucha por la pensión para los veteranos y sus viudas se dio en el Instituto Pro Veteranos de la Revolución que se creó en 1981, posteriormente mi abuelo llegó al Instituto en 1989 hasta su fallecimiento en 2007. Llevaron el trabajo de gestoría social a favor de los veteranos y viudas, al morir Mateo Zapata yo continué con su labor en activar las pensiones, porque cuando falleció mi abuelo gobernaba el PAN, ellos cancelaron las pensiones a las viudas, exigimos a la Federación la activación de las pensiones para las viudas de los veteranos, afortunadamente están activas sus pensiones federales. Todo es una continuidad del trabajo de mi abuelo, lo voy intercalando con trabajo social y académico.

MC.- Conmemoramos el centenario de Mateo Zapata en 2017, estamos en la víspera del centenario luctuoso del general Emiliano Zapata, ¿cuáles serán las iniciativas de la Fundación Zapata en 2019 y qué harás en el ámbito académico?
ECZ.- Aparte de ser familiar del general Zapata, tengo un compromiso como historiador. Aparte del Archivo de los veteranos, tengo el archivo personal de mi abuelo –de 1917 a 2007-, conservo los registros de todas las luchas que emprendió a favor de los campesinos y los veteranos, voy a ofrendar el próximo año a la memoria del general Zapata y su hijo Mateo, publicaré el libro iconográfico: “Emiliano Zapata. Cien años”, sobre la construcción que el mismo sistema político mexicano ha tergiversado para la manipulación de los campesinos, quiero hacer el recorrido histórico, un análisis sobre la imagen de Zapata –sigue siendo incómoda para el sistema político, a ellos les conviene manipular la imagen de Zapata-. En el libro abordaré los 100 años del asesinato de Emiliano Zapata y  la visión de uno de sus hijos, creo que Mateo Zapata fue una piedra en el zapato para el gobierno de su tiempo, porque el menor de los hijos del general fue el más intransigente en defender a los veteranos y campesinos. El libro iconográfico será mi aporte para el centenario luctuoso, también abordaré aspectos de la vida personal del general Zapata, reuniré los relatos vistos por los veteranos de la revolución. Será un libro para entender al general Zapata y ver cómo han tergiversado su historia a 100 años de la emboscada en Chinameca.

MC.- Para que no pierdas la brújula entre la objetividad histórica y la apología del árbol genealógico, creo que ha sido importante tu trabajo con académicos de otras generaciones, pienso en Laura Espejel, Salvador Rueda, Francisco Pineda, Carlos Barreto y John Womack Jr. ¿Qué rescatas de las colaboraciones con los zapatólogos?    
ECZ.- Es muy valioso rodearme de estos académicos especialistas en el zapatismos, han influido en que sea objetivo, porque desgraciadamente puedo caer en una subjetividad en hablar bien de Zapata y dejar de lado los aportes de los campesinos de la revolución suriana. Los académicos me permiten conocer sus archivos, el doctor Francisco Pineda me ha dado miles de documentos del Cuartel general zapatista, eso me ha permitido conocer más al personaje Zapata en su contexto histórico.

MC.- Al digitalizar los archivos del Frente Zapatista veo la reciprocidad con los académicos que permiten el acceso de sus archivos. Recuerdo que en la visita de John Womack al COLMEX, tú presentaste la página web con parte del archivo.
ECZ.- Coincidimos en la reciprocidad para engrandecer la historia del zapatismo, es una historia incómoda porque exigía la justicia social y la seguimos esperando, se cumplirán 100 años del asesinato de Zapata y seguimos esperando la justicia social. Creo que nos identifica uno de los pioneros del estudio del zapatismo -Jesús Sotelo Inclán-, luego llegaron los jóvenes académicos -Laura Espejel, Salvador Rueda, Carlos Barreto y John Womack-, creo que las dos generaciones le dieron una visión más analítica al zapatismo y reivindicaron a los campesinos y veteranos. Al compartir la lectura del zapatismo no podemos ser egoístas, no debemos esconder nuestros archivos.    

MC.- ¿Tienes mayor empatía con los académicos que con otros bisnietos de Zapata?, ¿hasta qué punto trabajarás con tu familia en el centenario luctuoso del general?
ECZ.- La familia es muy extensa, en Cuautla siempre han dicho que la familia Zapata está desunida, estaba, porque con la iniciativa que hemos tenido algunos miembros al convivir y unificarnos, creo que antes del centenario luctuoso hablaré con las diferentes ramas de la familia Zapata para montar una exposición fotográfica, porque cada una de las ramas resguarda su archivo fotográfico. Creo que independientemente del perfil de cada integrante de la familia Zapata -sean agricultores, maestros, o comerciantes-, cada uno tiene la responsabilidad de rendir homenaje a Emiliano Zapata por su centenario luctuoso, no necesariamente tienen que ser académicos.

MC.- La desunión de la familia Zapata Salazar data del asesinato de Chico Franco a manos de Nicolás Zapata en 1947. La hija de Chico Franco responsabilizó al hijo de Zapata por el crimen. Edgar, al ser historiador y sobrino de la víctima y del victimario, ¿desmientes la denuncia o tienes algún antecedente?
ECZ.- En las entrevistas que grabé con mi abuelo Mateo tocamos el tema del asesinato de Chico Franco, conversamos sobre los detalles del crimen, mi abuelo Mateo dijo: “desgraciadamente el asesino fue mi hermano mayor, por una denuncia de mala fe, en aquella época Nicolás era diputado y pretendía extender sus tierras en Anenecuilco”. El periodista Mario Gill denunció el asesinato de Chico Franco en el reportaje “Zapata: su pueblo y sus hijos” (Historia mexicana, diciembre de 1952), debo decir que después del asesinato de Zapata algunos veteranos se pelearon por el poder político y económico de Morelos, también la misma familia Zapata entró a la disputa. El general Emiliano Zapata combatió en la revolución para el beneficio del pueblo, no de su familia, Nicolás Zapata quería apropiarse de todo el ejido de Anenecuilco, siendo el primogénito de Zapata se sentía ungido por su padre, el error histórico de Nicolás fue querer beneficiarse él mismo, en vez de beneficiar al pueblo de Anenecuilco. Lo dicen el periodista Mario Gill y el historiador Alan Knight (La revolución cósmica, 2015), Nicolás Zapata abusó de la imagen del general revolucionario, dinamitó la grandeza de su padre y asesinó al coronel Chico Franco.   

MC.- Los ancianos de Anenecuilco le dieron los Documentos Primordiales a Zapata en 1909, el general se lo dio a Chico Franco y el coronel se los dio a Sotelo Inclán. Al morir el historiador en 1989 los Documentos Primordiales fueron vendidos a Carlos Salinas por 9 millones de pesos. ¿Cuál es tu opinión sobre la rapiña que hizo la familia Sotelo Inclán?, ¿cuál debería ser el destino de los Documentos de Anenecuilco?
ECZ.- Acompañé a mi abuelo a la ceremonia de entrega del Archivo de Anenecuilco en 1991, me impactó ver las cajas negras, los documentos pasaron por un proceso de conservación, pero los custodios del Museo Casa Zapata no hicieron un trabajo de difusión, hay un hermetismo para corroborar si los Documentos están en el Museo Casa Zapata. Como historiador y familiar me interesa ver los Documentos Primordiales de Anenecuilco expuestos, o los facsimilares, para saber en qué estado se encuentran, cuestionar a las autoridades de Morelos y hacer una auditoria: ¿dónde está la memoria escrita de Anenecuilco?, sabemos que Guillermo Sotelo Inclán le vendió los Documentos a Carlos Salinas, no me equivoco: Salinas sí compró el Archivo de Anenecuilco. Lo bueno que Salinas devolvió los documentos al Museo Casa Zapata.     

MC.- ¿Lo bueno?, nunca hemos visto los Documentos Primordiales desde 1991.
ECZ.- Lo bueno es que no se los quedó Salinas en su archivo personal, lo malo es que no hay una difusión del legado, ni una veracidad: ¿están o no están en el Museo Casa Zapata?, mi postura es exigir al gobierno de Morelos que exhiban la memoria viva de Anenecuilco en el centenario luctuoso de Emiliano Zapata, porque fue el motivo del levantamiento armado de la región sureña en 1911, fue la raíz y razón de Anenecuilco, creo que para entender a Zapata tenemos que ver de viva voz esos documentos que le costaron la vida a Chico Franco y a una generación que luchó con Zapata.

MC.- Insisto en la rapiña de Guillermo Sotelo Inclán y su  sobrino lejano Alfonso Inclán, ¿cuál ha sido tu experiencia con los dos carroñeros y falsificadores de la historia?
ECZ.- Hablé con Guillermo, quería conocer el archivo de su hermano, pero me comentó que ya no tenían nada, hablé por teléfono con Guillermo hace más de 10 años. Creo que debemos estudiar la vida de Jesús Sotelo Inclán, porque fue uno de los pioneros estudiosos del zapatismo, para honrar su memoria debemos leer “Raíz y razón de Zapata”, pero también debemos conocer la biografía de don Jesús. Los sobrinos de Sotelo Inclán no deben acaparar la información que dejó don Jesús, su archivo no le pertenece a un sobrino, si él quiere sacar un beneficio económico que lo diga abiertamente, lo importante es reconstruir la biografía del biógrafo de Zapata.

MC.- ¿Conservas alguna foto de Mateo Zapata y Jesús Sotelo Inclán?, ¿cómo describirías su amistad?
ECZ.- Era una amistad muy respetuosa, lo curioso en la vida pública de mi abuelo, siempre llegaban personajes a visitarlo –en este caso el profesor Sotelo Inclán-, se iban a su oficina y nunca sabíamos de qué temas conversaban. El nivel de respeto se refleja en la dedicatoria que le escribió don Jesús a mi abuelo en Raíz y razón de Zapata.

MC.- Finalmente, en abril de 2019 conmemoramos el centenario luctuoso de Zapata y en octubre conmemoramos el 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, ¿qué iniciativa podrías impulsar en memoria de don Jesús? 
ECZ.- Cada personaje tiene su importancia, te lo digo como historiador: me gustaría analizar la obra de Sotelo Inclán, homenajear al biógrafo. Creo que en 2019 podemos reunir a los zapatólogos y sumarlos a la conmemoración del 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, me gustaría animar a los académicos que conocieron a don Jesús para organizar una mesa de debate y rendirle homenaje. Tal vez me estoy adelantando: quisiera develar un busto de Sotelo Inclán en el Museo Zapata, uno de los objetivos de Raíz y razón de Zapata era recuperar la casa natal de Zapata en 1943, don Jesús quería destinar las regalías de la reedición de su libro para rehabilitar el jacal de la familia Zapata Salazar. Quisiera instalar un busto de Sotelo Inclán, ya que no se hizo nada en diciembre de 2013, espero que lo hagamos en su 30 aniversario luctuoso.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/04/01/mexico-edgar-castro-zapata-bisnieto-de-emiliano-zapata-exijo-una-auditoria-al-gobierno-de-morelos-donde-esta-la-memoria-escrita-de-anenecuilco/

domingo, 18 de marzo de 2018

Entrevista a Carlos Barreto Mark


Carlos Barreto: “Los hermanos Sotelo Inclán hicieron de las suyas, se fueron sobre lo que tenía don Jesús”
Por Mario Casasús

Cuautla.- En entrevista con Resumen Latinoamericano, Carlos Barreto Mark (1939), antropólogo y director del Museo Casa de Morelos, recuerda su amistad con el historiador Jesús Sotelo Inclán (1913-1989). “Publiqué el obituario en memoria de don Jesús el 15 de octubre de 1989, mencioné su intención de fundar una biblioteca especializada, me dijo: ‘Con su material y con el mío, ¿por qué no armamos una biblioteca sobre el Estado de Morelos en general y sobre Cuautla en particular?’, le respondí: ‘claro, en eso quedamos’. También había acordado colaborar en el suplemento Tamoanchán, el primer texto que publicó don Jesús fue: Nueva réplica por Emiliano Zapata, salió en el número especial con el obituario”. Sotelo Inclán impartió su última conferencia el 25 de septiembre de 1989 en Cuautla y Yautepec, murió el 3 de octubre después de sufrir un accidente automovilístico de camino a Guanajuato.

Después de la muerte de Jesús Sotelo Inclán, su hermano Guillermo vendió los Documentos Primordiales de Anenecuilco al presidente Carlos Salinas por 9 millones de pesos en 1991. Presentaron el saqueo como una “desinteresada donación”. Los Documentos Primordiales fueron entregados por el consejo de ancianos a Emiliano Zapata Salazar en 1909, después quedaron en resguardo de su primo Chico Franco Salazar, finalmente él se los facilitó a Jesús Sotelo Inclán para la investigación Raíz y razón de Zapata (1943). El antropólogo Carlos Barreto denuncia la rapiña de Guillermo Sotelo Inclán: “Los hermanos se fueron sobre lo que tenía don Jesús, por el propio testimonio de Alfonso Inclán, él pescó lo que pudo, los que hicieron de las suyas fueron los hermanos, dicho por Alfonso”. El sobrino lejano tampoco se salva: “(el libro de Alfonso Inclán) es un vil fúsil” (plagio), conozco el estilo de escribir de don Jesús, pocas cosas son originales de Alfonso, ni las fotos son originales de él”.

MC.- Carlos, ¿cuándo conociste a Jesús Sotelo Inclán?
CB.- Lo conocí el día que vino a dar una conferencia en el Palacio Municipal de Cuautla, no recuerdo quién lo invitó –imagino que el ayuntamiento de aquella época-, dentro de las celebraciones que organizan por el Sitio de Cuautla. En su conferencia abordó la historia de José María Morelos -era otro de los personajes que le apasionaban a Sotelo Inclán-, al término de la exposición todo el mundo se fue, pero yo me acerqué para decirle: “oiga don Jesús, soy antropólogo, estamos tratando de recuperar la memoria histórica de Cuautla, sé que usted ha investigado a José María Morelos y Emiliano Zapata” –en el primer encuentro no sabía del amor que tenía por Ignacio M. Altamirano-, don Jesús me preguntó: “¿usted cómo se llama?, ¿dónde trabaja”, le expliqué que trabajaba en el INAH, entonces me dijo: “vamos a establecer un contacto, vamos a intercambiar información de lo que usted tenga, porque sé que usted sigue mi obra, pero le falta un personaje: Ignacio Manuel Altamirano, dejó una honda huella en Cuautla, hay muchas cosas por rescatar, yo lo invito para que usted me acompañe, yo le voy a pasar información y cada vez que esté en Morelos conversamos y vamos intercambiando datos”.

MC.- ¿Con qué frecuencia visitaba Morelos?
CB.- Visitaba Anenecuilco en cada cumpleaños de Emiliano Zapata. Durante un viaje a Cuautla recuerdo que le regalé el suplemento “Tamoanchán” -un número dedicado a la fundación del Estado de Morelos-. Don Jesús cumplió su palabra, en cada natalicio de Zapata pasaba a visitarme al Museo Casa de Morelos, me buscaba para conversar y nos íbamos a desayunar, una vez me dijo: “¿usted no va al evento oficial del natalicio de Zapata?”, le respondí: “no, eso se lo dejo a los políticos, no me gusta la política oficial”, don Jesús me advirtió: “no le gusta la política pero lo van a meter al presídium, se acuerda de mí”.

MC.- ¿Podrías precisar cuándo fue tu primera conversación con Sotelo Inclán?
CB.- Debió ser en la década de 1970, no recuerdo el año exacto.

MC.- Don Jesús reeditó “Raíz y razón de Zapata” en 1970.
CB.- Después me traía ejemplares de la reedición de “Raíz y razón de Zapata” para que los vendiera en Cuautla y Cuernavaca.

MC.- Don Jesús era muy generoso, la semana pasada me hablaste de los regalos que te hizo, ¿cuántos obsequios conservas?
CB.- Me regaló varias cosas: el libro “La bola suriana” de Celedonio Serrano –autografiado por don Jesús-, las fotocopias del libro “Historia del vandalismo en Morelos” de Lamberto Popoca. Don Jesús me dijo: “no puedo regalarle un ejemplar porque es un libro muy raro de 1913, yo no quiero a este señor Popoca, aunque es un libro antizapatista yo creo que usted viene de otra escuela y será más objetivo, seguramente le van a servir las fotocopias”; por cierto, Carlos Barreto Zamudio –mi hijo- reeditó el libro de Lamberto Popoca en 2014. También me regaló el póster que viste del “Ingreso de Documentos del Archivo Altamirano-Casasús al Archivo Genaro Estrada”, una vez fui a dar una conferencia al Monte de Piedad, don Jesús me invitó pero traía prisa, se despidió amablemente y prometió contarme porqué se iba tan apurado, me dejó el póster autografiado –don Jesús sería uno de los oradores en la Secretaría de Relaciones Exteriores, con Catalina Sierra Casasús y Gastón García Cantú-. Don Jesús tenía sus detalles conmigo, por supuesto intercambiamos muchos materiales, había un diálogo constante, a veces me hablaba por teléfono desde la Ciudad de México.

MC.- Entre el diálogo y la complicidad de historiadores, tú le ofreciste a don Jesús presentarlo con mi mamá –bisnieta de Ignacio Manuel Altamirano-, sin saber a ciencia cierta lo que encontrarían. ¿Cómo reaccionaron ante el hallazgo para el Epistolario que preparaba don Jesús en 1988?
CB.- Fuimos un día a tu quinta, tus papás nos invitaron a comer, en la conversación tu mamá dijo: “tengo algunos documentos originales de Ignacio Manuel Altamirano y Joaquín Casasús”. Don Jesús estaba muy emocionado, se quedó con el ojo cuadrado, siguió rascando: “¿no habrá otra cosa?”, tu mamá le dijo: “tenemos un cuadro de la esposa de Joaquín Casasús, pero está deteriorado, no vale la pena que usted lo vea”, don Jesús insistió en ver la pintura, dijo: “acompáñame Barreto”, al ver el retrato exclamó: “¿no es la hija adoptiva de Ignacio Manuel Altamirano”, tu mamá afirmó: “sí, es Catalina Altamirano de Casasús”. Don Jesús me comprometió en tu casa: “¿Barreto, ¿no habrá la oportunidad de que el INAH restaure esta pintura, aprovechando el viaje que usted trabaja en el INAH?”, le respondí: “voy a preguntar”, así salió la exposición Los otros amores de Altamirano (1998), no recuerdo si don Jesús vio la pintura restaurada, a cada rato me hablaba por teléfono para preguntarme en qué iba el proceso de restauración, yo le decía: “el cuadro entró al INAH, pero se van a tardar, usted sabe que los restauradores trabajan a paso de una tortuga”. Lamentablemente don Jesús no pudo inaugurar la exposición porque murió en 1989, después nos enfrascamos en la restauración del cuadro y en la investigación biográfica de Catalina Altamirano de Casasús, fuimos posponiendo la exposición hasta que la abrimos al público en 1998.

MC.- Catalina Altamirano escribió: “Mi padre estuvo en Cuautla durante su juventud y ahí fue donde comenzó a escribir sus ensayos literarios” (carta de agosto de 1931, en “El exilio”, de Carlos Tello Díaz). Don Jesús nunca leyó esta carta, ni la “Oración cívica” porque los dos documentos se publicaron en 1993, él aseguraba que Altamirano vivió un año en Yautepec.
CB.- Altamirano vivió en Cuautla entre 1853 y 1855, trabajaba en la Hacienda de Santa Inés, Luis Rovalo mantenía al joven profesor Altamirano, hay varias cartas de Altamirano con referencias a Santa Inés. Tengo la firme idea: No es cierto que Altamirano vivió en Yautepec, era una leyenda que corría a voces en Morelos, don Jesús retomó la leyenda, pero creo que se confundieron, Altamirano durmió en una casa del centro de Yautepec en 1866 durante la persecución de las tropas de Maximiliano de Habsburgo, no en 1853, la supuesta casa de Altamirano en el centro de Yautepec son especulaciones sin fundamento. 

MC.- ¿Don Jesús te comentó que escribía el libro Raíz y razón de Altamirano?
CB.- No, lo que sí me comentó es que había adaptado una obra de teatro sobre la narrativa de Altamirano.

MC.- Adaptó dos obras de teatro: “Antonia” y “Navidad en las montañas”. En 2015 hablamos sobre la búsqueda de la obra de teatro que escribió Altamirano: “Morelos en Cuautla”, ¿dónde había ubicado el manuscrito don Jesús? 
CB.- Me platicó que tenía ubicado el libreto en Tixtla, quería montar la obra de Altamirano en Cuautla, pero ya le pesaba la edad para ir a Tixtla y recuperar el manuscrito, me dijo: “no voy a embarcarme en el rollo de buscar la obra de teatro y montarla, Barreto usted está joven y me ayudará”, en 1989 yo estaba más joven que ahora (risas).

MC.- Por teléfono me decías que conociste a Concepción Jiménez Alarcón en Guerrero, ¿acompañaste a don Jesús hasta Tixtla?
CB.- No, la maestra Concepción Jiménez Alarcón me invitó -por intermedio de don Jesús- a un encuentro de corridistas en Tixtla, allá conocí a Conchita, su hermana Julia era la alcaldesa de Tixtla.

MC.- Don Jesús impartió su última conferencia en Cuautla y Yautepec (septiembre de 1989), ¿cómo surgió la idea de traerlo a Cuautla y llevarlo a Yautepec?
CB.- Son los imponderables de la vida, nunca pensamos que era su última visita. Don Jesús me dijo que hablaría de Altamirano en Morelos, pero terminó hablando de la familia Rovalo –los hacendados de Santa Inés que protegieron a Ignacio Altamirano-, impartió la misma conferencia en Yautepec, yo lo llevé, esa fue la última vez que vi a don Jesús –el 25 de septiembre de 1989-, días después se accidentó en la carretera y murió el 3 de octubre de 1989.

MC.- ¿Quién te informó que Sotelo Inclán sufrió un accidente automovilístico?
CB.- Alguien me habló desde el ayuntamiento: “¿sabes que don Jesús sufrió un grave accidente?”, estoy seguro que Tadeo Espinosa me habló por teléfono. Cuando fui a visitarlo al hospital me informaron que ya lo habían sepultado.

MC.- De inmediato escribiste un hermoso obituario en el suplemento “Tamoanchán”, ¿qué datos destacarías de tu homenaje póstumo a Jesús Sotelo Inclán?
CB.- Publiqué el obituario en memoria de don Jesús el 15 de octubre de 1989, mencioné su intención de fundar una biblioteca especializada, me dijo: “Con su material y con el mío, ¿por qué no armamos una biblioteca sobre el Estado de Morelos en general y sobre Cuautla en particular?”, le respondí: “claro, en eso quedamos”. También había acordado colaborar en el suplemento Tamoanchán, el primer texto que publicó don Jesús fue: “Nueva réplica por Emiliano Zapata”, salió en el número especial con el obituario.

MC.- Al morir don Jesús, su hermano Guillermo vendió los Documentos Primordiales de Anenecuilco a Carlos Salinas, ¿fuiste a la ceremonia de la “desinteresada donación” al Museo de Zapata?
CB.- Tú bien sabes que yo no le entro a esos actos politiquillos. Los hermanos se fueron sobre lo que tenía don Jesús, por el propio testimonio de Alfonso Inclán, él pescó lo que pudo, los que hicieron de las suyas fueron los hermanos, dicho por Alfonso.

MC.- Después del saqueo de Guillermo Sotelo Inclán, su sobrino Alfonso Inclán acaparó la rapiña, ¿leíste su “presunto” libro de Testimonios zapatistas?
CB.- Aquí lo tengo, se está deshaciendo. El comentario es que para mí: “es un vil fúsil” (plagio), conozco el estilo de escribir de don Jesús, pocas cosas son originales de Alfonso, ni las fotos son originales de él.

MC.- Finalmente, el 3 de octubre de 2019 será el 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, ¿cómo piensas conmemorarlo?
CB.- Si podemos armamos una mesa redonda en el Museo Casa de Morelos, y si de esa mesa podemos sacar un folleto ya la hicimos, porque nos ganaron los tiempos con el centenario luctuoso de Emiliano Zapata -el 10 de abril de 2019-, tenemos un margen chiquito para conmemorar el aniversario luctuoso de don Jesús en octubre de 2019.