viernes, 30 de marzo de 2018

Entrevista con Edgar Castro Zapata


Edgar Castro Zapata: “Exijo una auditoria al gobierno de Morelos, ¿dónde está la memoria escrita de Anenecuilco?”
Por Mario Casasús

Cuautla.- En entrevista con Resumen Latinoamericano, Edgar Castro Zapata (1981), historiador y presidente de la Fundación Zapata, denuncia: “Acompañé a mi abuelo a la ceremonia de entrega del Archivo de Anenecuilco en 1991, me impactó ver las cajas negras, los documentos pasaron por un proceso de conservación, pero los custodios del Museo Casa Zapata no hicieron un trabajo de difusión, hay un hermetismo para corroborar si los Documentos están en el Museo Casa Zapata. Como historiador y familiar me interesa ver los Documentos Primordiales de Anenecuilco expuestos, o los facsimilares, para saber en qué estado se encuentran, cuestionar a las autoridades de Morelos y hacer una auditoria: ¿dónde está la memoria escrita de Anenecuilco?, sabemos que Guillermo Sotelo Inclán le vendió los Documentos a Carlos Salinas, no me equivoco: Salinas sí compró el Archivo de Anenecuilco”.

El historiador Edgar Castro Zapata prepara la conmemoración del centenario luctuoso del líder revolucionario: “Aparte de ser familiar del general Zapata, tengo un compromiso como historiador. Aparte del Archivo de los veteranos, tengo el archivo personal de mi abuelo –de 1917 a 2007-, conservo los registros de todas las luchas que emprendió a favor de los campesinos y los veteranos, voy a ofrendar el próximo año a la memoria del general Zapata y su hijo Mateo, publicaré el libro iconográfico: Emiliano Zapata. Cien años, sobre la construcción que el mismo sistema político mexicano ha tergiversado para la manipulación de los campesinos, quiero hacer el recorrido histórico, un análisis sobre la imagen de Zapata –sigue siendo incómoda para el sistema político, a ellos les conviene manipular la imagen de Zapata-“.

También planea reivindicar al autor de Raíz y razón de Zapata: “Creo que en 2019 podemos reunir a los zapatólogos y sumarlos a la conmemoración del 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, me gustaría animar a los académicos que conocieron a don Jesús para organizar una mesa de debate y rendirle homenaje. Tal vez me estoy adelantando: quisiera develar un busto de Sotelo Inclán en el Museo Zapata, uno de los objetivos de Raíz y razón de Zapata era recuperar la casa natal de Zapata en 1943, don Jesús quería destinar las regalías de la reedición de su libro para rehabilitar el jacal de la familia Zapata Salazar”. El homenaje sería al margen de la familia Sotelo Inclán, Edgar Castro Zapata reprocha el egoísmo y la rapiña de Alfonso Inclán: “Los sobrinos de Sotelo Inclán no deben acaparar la información que dejó don Jesús, su archivo no le pertenece a un sobrino, si él quiere sacar un beneficio económico que lo diga abiertamente, lo importante es reconstruir la biografía del biógrafo de Zapata”.

MC.- Edgar, hace un par de años me comentaste que en tu niñez le preguntabas a Mateo Zapata: “¿quién es el mariachi de la foto?”, tu abuelo te regaló “Raíz y razón de Zapata” para que entendieras quién era su padre Miliano Zapata. ¿Cuándo decides estudiar historia y especializarte en el zapatismo?
ECZ.- Influyó el regalo de mi abuelo, Raíz y razón de Zapata fue el primer libro que leí en la secundaria, me marcó mucho el libro de Sotelo Inclán, comprendí que Emiliano Zapata no era el “mariachi” que imaginaba que estaba cantando en la Alameda de Cuautla, entendí que era un personaje verídico con una clara visión de la justicia social para su pueblo. También influyeron las tardes de los fines de semana que estaba con mi abuelo Mateo y lo entrevistaba, él sabía que todas las entrevistas que grabamos las presentaría hasta egresar de la carrera de Historia. Desgraciadamente mi abuelo no me acompañó en la graduación como licenciado en historia, mis estudios sobre el zapatismo son un homenaje a la memoria de mi abuelo Mateo porque me heredó toda la admiración a su padre, pero te aclaro que mi abuelo no quiso idealizar a Emiliano Zapata, me dio las herramientas para que yo cuestione al personaje histórico, eso me favoreció.  

MC.- Hemos conversado sobre el miedo que tenía tu abuelo de niño por la persecución al zapatismo, sin embargo, ¿qué te decía Mateo Zapata sobre su padre?
ECZ.- Mi abuelo tenía 2 años cuando asesinaron a su padre en Chinameca, Mateo nació el 21 de septiembre de 1917, lo que logró reconstruir, por los testimonios de su madre María de Jesús y de su abuela Petra, es que el día que nació en la hacienda de Temilpa en Tlaltizapan, Emiliano Zapata se trasladó de su cuartel en Tlaltizapan a la hacienda para estar en el parto, el general se emocionó de tener un varón y le puso su nombre: “Mateo Emiliano”, en sus ratos de asueto durante la revolución iba a visitar a la familia y le exigía a doña Petra que montaran al niño en su caballo, para llevarlo a pasear por los campos de Temilpa con su hijo Mateo Emiliano. Posteriormente llegó la invasión de los carrancistas, fue la última vez que vieron al general Emiliano Zapata.   

MC.- Al pasar los años, tu abuelo fue recolectando testimonios de los zapatistas, compró libros sobre la revolución y recuperó algunos objetos personales de su padre. ¿En qué consiste el archivo de Mateo Zapata?, ¿cuándo comenzaste a trabajar en el legado de tu abuelo?
ECZ.- El archivo que construyó mi abuelo durante una vida, comenzó en la década de 1940, cuando se formalizó la creación del Frente Zapatista de la República, en Cuautla, con los sobrevivientes del Ejército Libertador del Sur, en 1945 estaban: los generales Genovevo de la O y Francisco Mendoza Palma y el doctor José G. Parres, los hijos del general Zapata eran miembros honorarios del Frente Zapatista, eso le permitió a mi abuelo recopilar la información para que tuvieran herramientas legales para exigir pensiones para los veteranos de la revolución. Posteriormente se dio a la tarea de validar a los veteranos que sí estuvieron dentro del Ejército Libertador del Sur, ese mismo archivo se ha incrementado con el transcurso de los años porque de 1945 a 2011 solamente tenían el beneficio de la pensión los veteranos, pero de 2011 a la actualidad se amplió el beneficio a las viudas hijos y nietos de la revolución. Lo enriquecedor es saber que las familias morelenses todavía tienen la conciencia y el orgullo de que un pariente suyo fue zapatista, se sienten orgullosos de tener en las venas la sangre de un veterano revolucionario.
Lo que ahora hacemos en la Fundación Zapata es difundir el archivo, digitalizarlo, porque desgraciadamente si descuidamos un archivo se puede perder o deteriorar, en la actualidad nos vinculamos con instituciones académicas para la difusión y digitalización del archivo que inició mi abuelo Mateo.   

MC.- ¿Cuándo iniciaron las actividades de la Fundación Zapata?, ¿cómo lograron extender el beneficio de las pensiones para las viudas de la revolución?
ECZ.- Iniciamos a trabajar con la Fundación Zapata en 2009, pero la lucha por la pensión para los veteranos y sus viudas se dio en el Instituto Pro Veteranos de la Revolución que se creó en 1981, posteriormente mi abuelo llegó al Instituto en 1989 hasta su fallecimiento en 2007. Llevaron el trabajo de gestoría social a favor de los veteranos y viudas, al morir Mateo Zapata yo continué con su labor en activar las pensiones, porque cuando falleció mi abuelo gobernaba el PAN, ellos cancelaron las pensiones a las viudas, exigimos a la Federación la activación de las pensiones para las viudas de los veteranos, afortunadamente están activas sus pensiones federales. Todo es una continuidad del trabajo de mi abuelo, lo voy intercalando con trabajo social y académico.

MC.- Conmemoramos el centenario de Mateo Zapata en 2017, estamos en la víspera del centenario luctuoso del general Emiliano Zapata, ¿cuáles serán las iniciativas de la Fundación Zapata en 2019 y qué harás en el ámbito académico?
ECZ.- Aparte de ser familiar del general Zapata, tengo un compromiso como historiador. Aparte del Archivo de los veteranos, tengo el archivo personal de mi abuelo –de 1917 a 2007-, conservo los registros de todas las luchas que emprendió a favor de los campesinos y los veteranos, voy a ofrendar el próximo año a la memoria del general Zapata y su hijo Mateo, publicaré el libro iconográfico: “Emiliano Zapata. Cien años”, sobre la construcción que el mismo sistema político mexicano ha tergiversado para la manipulación de los campesinos, quiero hacer el recorrido histórico, un análisis sobre la imagen de Zapata –sigue siendo incómoda para el sistema político, a ellos les conviene manipular la imagen de Zapata-. En el libro abordaré los 100 años del asesinato de Emiliano Zapata y  la visión de uno de sus hijos, creo que Mateo Zapata fue una piedra en el zapato para el gobierno de su tiempo, porque el menor de los hijos del general fue el más intransigente en defender a los veteranos y campesinos. El libro iconográfico será mi aporte para el centenario luctuoso, también abordaré aspectos de la vida personal del general Zapata, reuniré los relatos vistos por los veteranos de la revolución. Será un libro para entender al general Zapata y ver cómo han tergiversado su historia a 100 años de la emboscada en Chinameca.

MC.- Para que no pierdas la brújula entre la objetividad histórica y la apología del árbol genealógico, creo que ha sido importante tu trabajo con académicos de otras generaciones, pienso en Laura Espejel, Salvador Rueda, Francisco Pineda, Carlos Barreto y John Womack Jr. ¿Qué rescatas de las colaboraciones con los zapatólogos?    
ECZ.- Es muy valioso rodearme de estos académicos especialistas en el zapatismos, han influido en que sea objetivo, porque desgraciadamente puedo caer en una subjetividad en hablar bien de Zapata y dejar de lado los aportes de los campesinos de la revolución suriana. Los académicos me permiten conocer sus archivos, el doctor Francisco Pineda me ha dado miles de documentos del Cuartel general zapatista, eso me ha permitido conocer más al personaje Zapata en su contexto histórico.

MC.- Al digitalizar los archivos del Frente Zapatista veo la reciprocidad con los académicos que permiten el acceso de sus archivos. Recuerdo que en la visita de John Womack al COLMEX, tú presentaste la página web con parte del archivo.
ECZ.- Coincidimos en la reciprocidad para engrandecer la historia del zapatismo, es una historia incómoda porque exigía la justicia social y la seguimos esperando, se cumplirán 100 años del asesinato de Zapata y seguimos esperando la justicia social. Creo que nos identifica uno de los pioneros del estudio del zapatismo -Jesús Sotelo Inclán-, luego llegaron los jóvenes académicos -Laura Espejel, Salvador Rueda, Carlos Barreto y John Womack-, creo que las dos generaciones le dieron una visión más analítica al zapatismo y reivindicaron a los campesinos y veteranos. Al compartir la lectura del zapatismo no podemos ser egoístas, no debemos esconder nuestros archivos.    

MC.- ¿Tienes mayor empatía con los académicos que con otros bisnietos de Zapata?, ¿hasta qué punto trabajarás con tu familia en el centenario luctuoso del general?
ECZ.- La familia es muy extensa, en Cuautla siempre han dicho que la familia Zapata está desunida, estaba, porque con la iniciativa que hemos tenido algunos miembros al convivir y unificarnos, creo que antes del centenario luctuoso hablaré con las diferentes ramas de la familia Zapata para montar una exposición fotográfica, porque cada una de las ramas resguarda su archivo fotográfico. Creo que independientemente del perfil de cada integrante de la familia Zapata -sean agricultores, maestros, o comerciantes-, cada uno tiene la responsabilidad de rendir homenaje a Emiliano Zapata por su centenario luctuoso, no necesariamente tienen que ser académicos.

MC.- La desunión de la familia Zapata Salazar data del asesinato de Chico Franco a manos de Nicolás Zapata en 1947. La hija de Chico Franco responsabilizó al hijo de Zapata por el crimen. Edgar, al ser historiador y sobrino de la víctima y del victimario, ¿desmientes la denuncia o tienes algún antecedente?
ECZ.- En las entrevistas que grabé con mi abuelo Mateo tocamos el tema del asesinato de Chico Franco, conversamos sobre los detalles del crimen, mi abuelo Mateo dijo: “desgraciadamente el asesino fue mi hermano mayor, por una denuncia de mala fe, en aquella época Nicolás era diputado y pretendía extender sus tierras en Anenecuilco”. El periodista Mario Gill denunció el asesinato de Chico Franco en el reportaje “Zapata: su pueblo y sus hijos” (Historia mexicana, diciembre de 1952), debo decir que después del asesinato de Zapata algunos veteranos se pelearon por el poder político y económico de Morelos, también la misma familia Zapata entró a la disputa. El general Emiliano Zapata combatió en la revolución para el beneficio del pueblo, no de su familia, Nicolás Zapata quería apropiarse de todo el ejido de Anenecuilco, siendo el primogénito de Zapata se sentía ungido por su padre, el error histórico de Nicolás fue querer beneficiarse él mismo, en vez de beneficiar al pueblo de Anenecuilco. Lo dicen el periodista Mario Gill y el historiador Alan Knight (La revolución cósmica, 2015), Nicolás Zapata abusó de la imagen del general revolucionario, dinamitó la grandeza de su padre y asesinó al coronel Chico Franco.   

MC.- Los ancianos de Anenecuilco le dieron los Documentos Primordiales a Zapata en 1909, el general se lo dio a Chico Franco y el coronel se los dio a Sotelo Inclán. Al morir el historiador en 1989 los Documentos Primordiales fueron vendidos a Carlos Salinas por 9 millones de pesos. ¿Cuál es tu opinión sobre la rapiña que hizo la familia Sotelo Inclán?, ¿cuál debería ser el destino de los Documentos de Anenecuilco?
ECZ.- Acompañé a mi abuelo a la ceremonia de entrega del Archivo de Anenecuilco en 1991, me impactó ver las cajas negras, los documentos pasaron por un proceso de conservación, pero los custodios del Museo Casa Zapata no hicieron un trabajo de difusión, hay un hermetismo para corroborar si los Documentos están en el Museo Casa Zapata. Como historiador y familiar me interesa ver los Documentos Primordiales de Anenecuilco expuestos, o los facsimilares, para saber en qué estado se encuentran, cuestionar a las autoridades de Morelos y hacer una auditoria: ¿dónde está la memoria escrita de Anenecuilco?, sabemos que Guillermo Sotelo Inclán le vendió los Documentos a Carlos Salinas, no me equivoco: Salinas sí compró el Archivo de Anenecuilco. Lo bueno que Salinas devolvió los documentos al Museo Casa Zapata.     

MC.- ¿Lo bueno?, nunca hemos visto los Documentos Primordiales desde 1991.
ECZ.- Lo bueno es que no se los quedó Salinas en su archivo personal, lo malo es que no hay una difusión del legado, ni una veracidad: ¿están o no están en el Museo Casa Zapata?, mi postura es exigir al gobierno de Morelos que exhiban la memoria viva de Anenecuilco en el centenario luctuoso de Emiliano Zapata, porque fue el motivo del levantamiento armado de la región sureña en 1911, fue la raíz y razón de Anenecuilco, creo que para entender a Zapata tenemos que ver de viva voz esos documentos que le costaron la vida a Chico Franco y a una generación que luchó con Zapata.

MC.- Insisto en la rapiña de Guillermo Sotelo Inclán y su  sobrino lejano Alfonso Inclán, ¿cuál ha sido tu experiencia con los dos carroñeros y falsificadores de la historia?
ECZ.- Hablé con Guillermo, quería conocer el archivo de su hermano, pero me comentó que ya no tenían nada, hablé por teléfono con Guillermo hace más de 10 años. Creo que debemos estudiar la vida de Jesús Sotelo Inclán, porque fue uno de los pioneros estudiosos del zapatismo, para honrar su memoria debemos leer “Raíz y razón de Zapata”, pero también debemos conocer la biografía de don Jesús. Los sobrinos de Sotelo Inclán no deben acaparar la información que dejó don Jesús, su archivo no le pertenece a un sobrino, si él quiere sacar un beneficio económico que lo diga abiertamente, lo importante es reconstruir la biografía del biógrafo de Zapata.

MC.- ¿Conservas alguna foto de Mateo Zapata y Jesús Sotelo Inclán?, ¿cómo describirías su amistad?
ECZ.- Era una amistad muy respetuosa, lo curioso en la vida pública de mi abuelo, siempre llegaban personajes a visitarlo –en este caso el profesor Sotelo Inclán-, se iban a su oficina y nunca sabíamos de qué temas conversaban. El nivel de respeto se refleja en la dedicatoria que le escribió don Jesús a mi abuelo en Raíz y razón de Zapata.

MC.- Finalmente, en abril de 2019 conmemoramos el centenario luctuoso de Zapata y en octubre conmemoramos el 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, ¿qué iniciativa podrías impulsar en memoria de don Jesús? 
ECZ.- Cada personaje tiene su importancia, te lo digo como historiador: me gustaría analizar la obra de Sotelo Inclán, homenajear al biógrafo. Creo que en 2019 podemos reunir a los zapatólogos y sumarlos a la conmemoración del 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, me gustaría animar a los académicos que conocieron a don Jesús para organizar una mesa de debate y rendirle homenaje. Tal vez me estoy adelantando: quisiera develar un busto de Sotelo Inclán en el Museo Zapata, uno de los objetivos de Raíz y razón de Zapata era recuperar la casa natal de Zapata en 1943, don Jesús quería destinar las regalías de la reedición de su libro para rehabilitar el jacal de la familia Zapata Salazar. Quisiera instalar un busto de Sotelo Inclán, ya que no se hizo nada en diciembre de 2013, espero que lo hagamos en su 30 aniversario luctuoso.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/04/01/mexico-edgar-castro-zapata-bisnieto-de-emiliano-zapata-exijo-una-auditoria-al-gobierno-de-morelos-donde-esta-la-memoria-escrita-de-anenecuilco/

domingo, 18 de marzo de 2018

Entrevista a Carlos Barreto Mark


Carlos Barreto: “Los hermanos Sotelo Inclán hicieron de las suyas, se fueron sobre lo que tenía don Jesús”
Por Mario Casasús

Cuautla.- En entrevista con Resumen Latinoamericano, Carlos Barreto Mark (1939), antropólogo y director del Museo Casa de Morelos, recuerda su amistad con el historiador Jesús Sotelo Inclán (1913-1989). “Publiqué el obituario en memoria de don Jesús el 15 de octubre de 1989, mencioné su intención de fundar una biblioteca especializada, me dijo: ‘Con su material y con el mío, ¿por qué no armamos una biblioteca sobre el Estado de Morelos en general y sobre Cuautla en particular?’, le respondí: ‘claro, en eso quedamos’. También había acordado colaborar en el suplemento Tamoanchán, el primer texto que publicó don Jesús fue: Nueva réplica por Emiliano Zapata, salió en el número especial con el obituario”. Sotelo Inclán impartió su última conferencia el 25 de septiembre de 1989 en Cuautla y Yautepec, murió el 3 de octubre después de sufrir un accidente automovilístico de camino a Guanajuato.

Después de la muerte de Jesús Sotelo Inclán, su hermano Guillermo vendió los Documentos Primordiales de Anenecuilco al presidente Carlos Salinas por 9 millones de pesos en 1991. Presentaron el saqueo como una “desinteresada donación”. Los Documentos Primordiales fueron entregados por el consejo de ancianos a Emiliano Zapata Salazar en 1909, después quedaron en resguardo de su primo Chico Franco Salazar, finalmente él se los facilitó a Jesús Sotelo Inclán para la investigación Raíz y razón de Zapata (1943). El antropólogo Carlos Barreto denuncia la rapiña de Guillermo Sotelo Inclán: “Los hermanos se fueron sobre lo que tenía don Jesús, por el propio testimonio de Alfonso Inclán, él pescó lo que pudo, los que hicieron de las suyas fueron los hermanos, dicho por Alfonso”. El sobrino lejano tampoco se salva: “(el libro de Alfonso Inclán) es un vil fúsil” (plagio), conozco el estilo de escribir de don Jesús, pocas cosas son originales de Alfonso, ni las fotos son originales de él”.

MC.- Carlos, ¿cuándo conociste a Jesús Sotelo Inclán?
CB.- Lo conocí el día que vino a dar una conferencia en el Palacio Municipal de Cuautla, no recuerdo quién lo invitó –imagino que el ayuntamiento de aquella época-, dentro de las celebraciones que organizan por el Sitio de Cuautla. En su conferencia abordó la historia de José María Morelos -era otro de los personajes que le apasionaban a Sotelo Inclán-, al término de la exposición todo el mundo se fue, pero yo me acerqué para decirle: “oiga don Jesús, soy antropólogo, estamos tratando de recuperar la memoria histórica de Cuautla, sé que usted ha investigado a José María Morelos y Emiliano Zapata” –en el primer encuentro no sabía del amor que tenía por Ignacio M. Altamirano-, don Jesús me preguntó: “¿usted cómo se llama?, ¿dónde trabaja”, le expliqué que trabajaba en el INAH, entonces me dijo: “vamos a establecer un contacto, vamos a intercambiar información de lo que usted tenga, porque sé que usted sigue mi obra, pero le falta un personaje: Ignacio Manuel Altamirano, dejó una honda huella en Cuautla, hay muchas cosas por rescatar, yo lo invito para que usted me acompañe, yo le voy a pasar información y cada vez que esté en Morelos conversamos y vamos intercambiando datos”.

MC.- ¿Con qué frecuencia visitaba Morelos?
CB.- Visitaba Anenecuilco en cada cumpleaños de Emiliano Zapata. Durante un viaje a Cuautla recuerdo que le regalé el suplemento “Tamoanchán” -un número dedicado a la fundación del Estado de Morelos-. Don Jesús cumplió su palabra, en cada natalicio de Zapata pasaba a visitarme al Museo Casa de Morelos, me buscaba para conversar y nos íbamos a desayunar, una vez me dijo: “¿usted no va al evento oficial del natalicio de Zapata?”, le respondí: “no, eso se lo dejo a los políticos, no me gusta la política oficial”, don Jesús me advirtió: “no le gusta la política pero lo van a meter al presídium, se acuerda de mí”.

MC.- ¿Podrías precisar cuándo fue tu primera conversación con Sotelo Inclán?
CB.- Debió ser en la década de 1970, no recuerdo el año exacto.

MC.- Don Jesús reeditó “Raíz y razón de Zapata” en 1970.
CB.- Después me traía ejemplares de la reedición de “Raíz y razón de Zapata” para que los vendiera en Cuautla y Cuernavaca.

MC.- Don Jesús era muy generoso, la semana pasada me hablaste de los regalos que te hizo, ¿cuántos obsequios conservas?
CB.- Me regaló varias cosas: el libro “La bola suriana” de Celedonio Serrano –autografiado por don Jesús-, las fotocopias del libro “Historia del vandalismo en Morelos” de Lamberto Popoca. Don Jesús me dijo: “no puedo regalarle un ejemplar porque es un libro muy raro de 1913, yo no quiero a este señor Popoca, aunque es un libro antizapatista yo creo que usted viene de otra escuela y será más objetivo, seguramente le van a servir las fotocopias”; por cierto, Carlos Barreto Zamudio –mi hijo- reeditó el libro de Lamberto Popoca en 2014. También me regaló el póster que viste del “Ingreso de Documentos del Archivo Altamirano-Casasús al Archivo Genaro Estrada”, una vez fui a dar una conferencia al Monte de Piedad, don Jesús me invitó pero traía prisa, se despidió amablemente y prometió contarme porqué se iba tan apurado, me dejó el póster autografiado –don Jesús sería uno de los oradores en la Secretaría de Relaciones Exteriores, con Catalina Sierra Casasús y Gastón García Cantú-. Don Jesús tenía sus detalles conmigo, por supuesto intercambiamos muchos materiales, había un diálogo constante, a veces me hablaba por teléfono desde la Ciudad de México.

MC.- Entre el diálogo y la complicidad de historiadores, tú le ofreciste a don Jesús presentarlo con mi mamá –bisnieta de Ignacio Manuel Altamirano-, sin saber a ciencia cierta lo que encontrarían. ¿Cómo reaccionaron ante el hallazgo para el Epistolario que preparaba don Jesús en 1988?
CB.- Fuimos un día a tu quinta, tus papás nos invitaron a comer, en la conversación tu mamá dijo: “tengo algunos documentos originales de Ignacio Manuel Altamirano y Joaquín Casasús”. Don Jesús estaba muy emocionado, se quedó con el ojo cuadrado, siguió rascando: “¿no habrá otra cosa?”, tu mamá le dijo: “tenemos un cuadro de la esposa de Joaquín Casasús, pero está deteriorado, no vale la pena que usted lo vea”, don Jesús insistió en ver la pintura, dijo: “acompáñame Barreto”, al ver el retrato exclamó: “¿no es la hija adoptiva de Ignacio Manuel Altamirano”, tu mamá afirmó: “sí, es Catalina Altamirano de Casasús”. Don Jesús me comprometió en tu casa: “¿Barreto, ¿no habrá la oportunidad de que el INAH restaure esta pintura, aprovechando el viaje que usted trabaja en el INAH?”, le respondí: “voy a preguntar”, así salió la exposición Los otros amores de Altamirano (1998), no recuerdo si don Jesús vio la pintura restaurada, a cada rato me hablaba por teléfono para preguntarme en qué iba el proceso de restauración, yo le decía: “el cuadro entró al INAH, pero se van a tardar, usted sabe que los restauradores trabajan a paso de una tortuga”. Lamentablemente don Jesús no pudo inaugurar la exposición porque murió en 1989, después nos enfrascamos en la restauración del cuadro y en la investigación biográfica de Catalina Altamirano de Casasús, fuimos posponiendo la exposición hasta que la abrimos al público en 1998.

MC.- Catalina Altamirano escribió: “Mi padre estuvo en Cuautla durante su juventud y ahí fue donde comenzó a escribir sus ensayos literarios” (carta de agosto de 1931, en “El exilio”, de Carlos Tello Díaz). Don Jesús nunca leyó esta carta, ni la “Oración cívica” porque los dos documentos se publicaron en 1993, él aseguraba que Altamirano vivió un año en Yautepec.
CB.- Altamirano vivió en Cuautla entre 1853 y 1855, trabajaba en la Hacienda de Santa Inés, Luis Rovalo mantenía al joven profesor Altamirano, hay varias cartas de Altamirano con referencias a Santa Inés. Tengo la firme idea: No es cierto que Altamirano vivió en Yautepec, era una leyenda que corría a voces en Morelos, don Jesús retomó la leyenda, pero creo que se confundieron, Altamirano durmió en una casa del centro de Yautepec en 1866 durante la persecución de las tropas de Maximiliano de Habsburgo, no en 1853, la supuesta casa de Altamirano en el centro de Yautepec son especulaciones sin fundamento. 

MC.- ¿Don Jesús te comentó que escribía el libro Raíz y razón de Altamirano?
CB.- No, lo que sí me comentó es que había adaptado una obra de teatro sobre la narrativa de Altamirano.

MC.- Adaptó dos obras de teatro: “Antonia” y “Navidad en las montañas”. En 2015 hablamos sobre la búsqueda de la obra de teatro que escribió Altamirano: “Morelos en Cuautla”, ¿dónde había ubicado el manuscrito don Jesús? 
CB.- Me platicó que tenía ubicado el libreto en Tixtla, quería montar la obra de Altamirano en Cuautla, pero ya le pesaba la edad para ir a Tixtla y recuperar el manuscrito, me dijo: “no voy a embarcarme en el rollo de buscar la obra de teatro y montarla, Barreto usted está joven y me ayudará”, en 1989 yo estaba más joven que ahora (risas).

MC.- Por teléfono me decías que conociste a Concepción Jiménez Alarcón en Guerrero, ¿acompañaste a don Jesús hasta Tixtla?
CB.- No, la maestra Concepción Jiménez Alarcón me invitó -por intermedio de don Jesús- a un encuentro de corridistas en Tixtla, allá conocí a Conchita, su hermana Julia era la alcaldesa de Tixtla.

MC.- Don Jesús impartió su última conferencia en Cuautla y Yautepec (septiembre de 1989), ¿cómo surgió la idea de traerlo a Cuautla y llevarlo a Yautepec?
CB.- Son los imponderables de la vida, nunca pensamos que era su última visita. Don Jesús me dijo que hablaría de Altamirano en Morelos, pero terminó hablando de la familia Rovalo –los hacendados de Santa Inés que protegieron a Ignacio Altamirano-, impartió la misma conferencia en Yautepec, yo lo llevé, esa fue la última vez que vi a don Jesús –el 25 de septiembre de 1989-, días después se accidentó en la carretera y murió el 3 de octubre de 1989.

MC.- ¿Quién te informó que Sotelo Inclán sufrió un accidente automovilístico?
CB.- Alguien me habló desde el ayuntamiento: “¿sabes que don Jesús sufrió un grave accidente?”, estoy seguro que Tadeo Espinosa me habló por teléfono. Cuando fui a visitarlo al hospital me informaron que ya lo habían sepultado.

MC.- De inmediato escribiste un hermoso obituario en el suplemento “Tamoanchán”, ¿qué datos destacarías de tu homenaje póstumo a Jesús Sotelo Inclán?
CB.- Publiqué el obituario en memoria de don Jesús el 15 de octubre de 1989, mencioné su intención de fundar una biblioteca especializada, me dijo: “Con su material y con el mío, ¿por qué no armamos una biblioteca sobre el Estado de Morelos en general y sobre Cuautla en particular?”, le respondí: “claro, en eso quedamos”. También había acordado colaborar en el suplemento Tamoanchán, el primer texto que publicó don Jesús fue: “Nueva réplica por Emiliano Zapata”, salió en el número especial con el obituario.

MC.- Al morir don Jesús, su hermano Guillermo vendió los Documentos Primordiales de Anenecuilco a Carlos Salinas, ¿fuiste a la ceremonia de la “desinteresada donación” al Museo de Zapata?
CB.- Tú bien sabes que yo no le entro a esos actos politiquillos. Los hermanos se fueron sobre lo que tenía don Jesús, por el propio testimonio de Alfonso Inclán, él pescó lo que pudo, los que hicieron de las suyas fueron los hermanos, dicho por Alfonso.

MC.- Después del saqueo de Guillermo Sotelo Inclán, su sobrino Alfonso Inclán acaparó la rapiña, ¿leíste su “presunto” libro de Testimonios zapatistas?
CB.- Aquí lo tengo, se está deshaciendo. El comentario es que para mí: “es un vil fúsil” (plagio), conozco el estilo de escribir de don Jesús, pocas cosas son originales de Alfonso, ni las fotos son originales de él.

MC.- Finalmente, el 3 de octubre de 2019 será el 30 aniversario luctuoso de Sotelo Inclán, ¿cómo piensas conmemorarlo?
CB.- Si podemos armamos una mesa redonda en el Museo Casa de Morelos, y si de esa mesa podemos sacar un folleto ya la hicimos, porque nos ganaron los tiempos con el centenario luctuoso de Emiliano Zapata -el 10 de abril de 2019-, tenemos un margen chiquito para conmemorar el aniversario luctuoso de don Jesús en octubre de 2019.

           

domingo, 7 de enero de 2018

Entrevista con Alcides Abella

Alcides Abella: “Fue un desafío permanecer en Uruguay, a riesgo de la clausura o la cárcel”
Por Mario Casasús/Clarín de Chile

Ciudad de México.- En entrevista digital desde Montevideo, Alcides Abella, director de Ediciones de la Banda Oriental, recuerda las dificultades para publicar durante la dictadura: “El desafío fue, a riesgo de la clausura o la cárcel, permanecer en el país. Teníamos allanamientos policiales permanentes y se hizo un cuidadoso seguimiento de todo lo que publicábamos. Precisamente, mantener la identidad –ante la imposibilidad de publicar temas y autores de izquierda o simplemente progresistas– nos obligó a trabajar mucho en temas de historia del siglo XVIII y XIX y, sobre todo, nos volcamos a la literatura”. Desde su fundación, en septiembre de 1961, nunca interrumpieron el trabajo editorial.

Uno de los libros más importantes de la Banda Oriental fue El gallo de oro (1981), la segunda novela de Juan Rulfo. El editor Alcides Abella cuenta los detalles detrás del contrato entre Juan Rulfo y Heber Raviolo: “El poeta uruguayo Enrique Fierro, exiliado en México, propició el encuentro entre Rulfo y Raviolo. Ahí acordaron la edición de El gallo de oro. Heber Raviolo era una persona seria, parco en palabras, y cuando le pregunté cómo era el mítico Juan Rulfo me respondió ‘...ah, una persona muy agradable y de pocas palabras’. Esto pinta todo”. La edición uruguaya de 1981 incluye un prólogo de Raviolo, dicho texto saldrá por primera vez en México gracias a la gestión de Alcides Abella.   

MC.- En la página web de la Banda Oriental informan que el proyecto inició en septiembre de 1961, pero no mencionan al equipo original, ¿quiénes fundaron la editorial?
AA.- Un grupo de egresados -alrededor de 12-13 personas- de la Universidad de la República, preocupados por las temáticas uruguayas y latinoamericanas, deciden crear una editorial para editar libros vinculados a la realidad nacional.

MC.- Trabajaron durante la dictadura, ¿cuáles fueron los mayores problemas?  
AA.- El desafío fue, a riesgo de la clausura o la cárcel, permanecer en el país. Teníamos allanamientos policiales permanentes y se hizo un cuidadoso seguimiento de todo lo que publicábamos. Precisamente, mantener la identidad –ante la imposibilidad de publicar temas y autores de izquierda o simplemente progresistas– nos obligó a trabajar mucho en temas de historia del siglo XVIII y XIX y, sobre todo, nos volcamos a la literatura. Así surge la colección, tipo club de libro, "Lectores de Banda Oriental".

MC.- Son la única editorial uruguaya que ha trabajado ininterrumpidamente desde 1961, ¿cómo cambió el mercado al regresar la democracia?
AA.- Somos incluso, una de las editoriales más antiguas de Hispanoamérica. La vuelta a la democracia fue el cambio fundamental para nosotros: recuperamos autores, temas y títulos que estuvieron prohibidos. Y, sobre todo, editamos muchos títulos donde denunciamos lo ocurrido en el período dictatorial. Y, por supuesto, seguimos con literatura y otros temas relativos a la coyuntura de nuestro país.

MC.- Leí en el Portal Montevideo que usted se incorporó “pocos años después” de la fundación de la editorial, ¿cuál fue su primer trabajo en la Banda Oriental?, ¿cuándo tomó las riendas?
AA.- La editorial se funda en 1961 y yo ingresé en 1966 como simple cadete de oficina. Banda Oriental, desde la década de 1970 a la actualidad tuvo al frente un equipo de dirección integrado por Heber Raviolo, Ariel Villa y yo. Lamentablemente, el fallecimiento de Raviolo y Villa me obligó a seguir solo en esta tarea. Tenemos un equipo integrado por cerca de quince compañeros que permite llevar adelante todo lo relativo a la gestión. Además siempre, estamos buscando integrar nuevos compañeros para estrictamente la parte editorial.

MC.- En su catálogo veo libros que deberían consultarse en varias universidades latinoamericanas, por ejemplo: “Diccionario de Literatura Uruguaya” y “El Uruguay de la Dictadura”. ¿Qué tan difícil resulta vender en el extranjero los títulos de historia regional?  
AA.- En el año 1928 un manual de libreros españoles destacaba la importancia del mercado de Latinoamérica para ellos. Y explicaba: "...son países que viven como islas, con muchas dificultades de comunicación entre ellos y con demoras enormes en el envío de libros". Nada ha cambiado. Si queremos enviar un libro que cuesta diez dólares al público, tenemos que agregarle un costo de envío que no será menor a treinta y cinco dólares.

MC.- Banda Oriental también publica material pedagógico en “La Mochila”, ¿el gobierno del Frente Amplio ha coeditado con ustedes algún libro de texto, o el Ministerio de Educación les compra directamente el material?
AA.- A diferencia de México y otros países de América -por ejemplo Guatemala, Chile, Brasil, Argentina-, el Estado uruguayo no tiene una política sistemática de compra de libros. Incluso autores uruguayos tuvieron excelentes ventas al Estado de México y aquí, el gobierno uruguayo no ha hecho nada al respecto. En general el Estado participa ocasionalmente en alguna edición pero no hay ninguna continuidad al respecto.

MC.- En un mundo editorial dominado por las empresas trasnacionales es difícil mantener los sellos independientes, ¿las trasnacionales han intentado comprarlos?
AA.- Tuvimos algunas sugerencias al respecto pero, por el propio carácter de la editorial -sin fines de lucro y con una clara y definida política de ediciones- todo quedó en nada.

MC.- En la página web describen a Lectores de Banda Oriental: “Esta colección que, mes a mes, entrega la mejor literatura uruguaya, latinoamericana y universal a un precio módico”, ¿cómo pueden seguir el ritmo de publicar un libro mensualmente?
AA.- Esta colección es un milagro editorial: cuarenta años entregando un libro mes a mes. La serie apuesta a la buena literatura, por ejemplo Juan Villoro fue editado el año pasado, pero accesible para amplios sectores de público. Llevan prólogo, las traducciones están cuidadosamente anotadas. Es un esfuerzo gigantesco que habla muy bien del Uruguay por cierto.

MC.- Entre 3,000 títulos durante 50 años, ¿podría enumerar los cinco libros más significativos de Ediciones de la Banda Oriental?
AA.- Los más significativos son títulos muy locales, cosa obvia por el carácter de la editorial. La historia uruguaya, nuestra sociedad, literatura, etcétera, son la clave a partir de la cual podemos encontrar los títulos más representativos: Historia Rural del Uruguay Moderno, Boulevard Sarandí (Memoria anecdótica de Montevideo); Juan José Morosoli - Cuentos. También debemos destacar obras de autores como Tomás de Mattos, Mario Delgado Aparaín y Carlos María Domínguez, cuyas primeras ediciones son nuestras y luego trascendieron fronteras editándose en más de veinticinco países.

MC.- En 1981 publicaron “El gallo de oro” de Juan Rulfo, usted fue amigo durante 50 años de Heber Raviolo, ¿qué detalles conoce de la edición y el contrato firmado entre Rulfo y Raviolo?
AA.- El poeta uruguayo Enrique Fierro, exiliado en México, propició el encuentro entre Rulfo y Raviolo. Ahí acordaron la edición de El gallo de oro. Heber Raviolo era una persona seria, parco en palabras, y cuando le pregunté cómo era el mítico Juan Rulfo me respondió "...ah, una persona muy agradable y de pocas palabras". Esto pinta todo.

MC.- Finalmente, el prólogo de la edición uruguaya está vigente, a diferencia del error de la edición mexicana al encasillar la novela de Rulfo como un “guión de cine”, ¿han reeditado “El gallo de oro” y el prólogo uruguayo?, ¿quién es el titular del copyright de Heber Raviolo?  
AA.- Según lo acordado El gallo de oro se editó en su momento exclusivamente para la colección “Lectores de Banda Oriental”. Por lo tanto no pudimos editarla en otra colección o formato.
Respecto a los derechos de Heber Raviolo, nosotros estamos en contacto permanente con su esposa y simplemente deben dirigirse a nosotros.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Entrevista con Eladia Lozano

Eladia Lozano: “Era secretaria de Neruda, transcribí sus conferencias y cartas en México”
Por Mario Casasús/Clarín de Chile

Ciudad de México.- En entrevista exclusiva con Clarín.cl Eladia Lozano (1921), secretaria del Comisariado general de guerra en Aragón y secretaria de Pablo Neruda en México DF, recuerda los viajes que hicieron junto a su esposo Enrique de los Ríos, el poeta chileno y Delia del Carril: “Cuando se enteraron de nuestra luna de miel, ellos decidieron ir a Europa con nosotros. Fuimos en el mismo barco desde México a Cuba y Francia, en La Habana nos recibió Nicolás Guillén. Pablo y Delia siguieron su camino a Italia y nosotros nos quedamos en Francia. En París nos recibió una diplomática mexicana de apellido Quintanilla –pariente de Antonio Quintanilla-, después vimos a Picasso acompañados de Neruda y La Hormiguita. Enrique y yo visitamos a Octavio Paz en la Embajada de México en París, se enojó al saber que viajamos a Europa con Neruda, estaban peleados”. Pablo Neruda, Antonio Quintanilla, Wenceslao Roces y José Ignacio Mantecón fueron los testigos de la boda de Eladia Lozano y Enrique de los Ríos en junio de 1950.

MC.- Neruda fue testigo de su boda con Enrique de los Ríos, ¿cuándo conoció al poeta chileno?
EL.- Neruda vivía en un departamento de la Avenida Veracruz, en casa de un muchacho que llamábamos Ernestico García Sánchez, este muchacho vivía solo y le prestó su departamento a Neruda porque pasaba malas condiciones en México. Yo había ido al mismo edificio de la Avenida Veracruz para saludar a José Ignacio Mantecón y su esposa. Conocí a Mantecón en España, él fue gobernador de la provincia de Aragón y yo fui secretaria del Comisariado general de guerra en Aragón. Cuando terminaba mi visita, en la puerta del edificio mencionaron: “¿quieres conocer a Pablo Neruda?”, les respondí: “me gustaría mucho”. Fuimos a saludarlo, eran vecinos, y me di cuenta que con frecuencia sonaba el teléfono para pedirle discursos, conferencias para los universitarios y mensajes políticos para los sindicatos, Neruda se quejaba: “no tengo a quién dictarle”. Entonces se me ocurrió: “si vengo un momento después del trabajo y Neruda me dicta los discursos que tenga pendientes, al día siguiente, en mi oficina, puedo traducir la taquimecanografía del dictado”. Pablo estaba todo el día en una cama con la pierna en alto por la flebitis, recuerdo que dijo: “Mijita me has salvado la vida”.

MC.- ¿Tomó el dictado de algún poema del “Canto general”?
EL.- No, era su secretaria para cuestiones académicas y personales, tomaba el dictado de las cartas de Neruda y de sus conferencias.

MC.- ¿Asistió a la presentación del “Canto general” en casa de Obregón Santacilia?
EL.- Sí, Obregón Santacilia y Cervantes Ahumada eran grandes amigos de Neruda, también lo visitaban en el departamento de la Avenida Veracruz, por supuesto me invitaron a la presentación del “Canto general” (1950), tengo un ejemplar dedicado para mí, porque hice muchos trabajos para Pablo.

MC.- ¿Conoció a Enrique de los Ríos en el departamento de la Avenida Veracruz?
EL.- Sí, Enrique visitaba a Neruda porque estaba enfermo en México. Enrique se ofrecía a llevarme a casa después de tomar el dictado de Neruda, al poco tiempo de conocernos me daba aventón a mi casa.

MC.- ¿Cuál fue el primer viaje que hicieron con Pablo Neruda y Delia del Carril?
EL.- Neruda comentó: “oiga mijita, a ver usted cómo se arregla en la oficina, pero se tiene que venir de vacaciones conmigo una semana”. Respondí: “bueno, una cosa es verdad: me deben chorros de semanas de vacaciones”, entre risas Neruda dijo: “ya está, qué es eso de tener a una persona sin vacaciones, las pide rápidamente”. En la oficina tuvieron que aceptar que me debían vacaciones y me dieron una semana. Primero fuimos al rancho de Cervantes Ahumada, ahí Neruda me dictó una conferencia sobre Guatemala.
     
MC.- ¿Se había casado con Enrique de los Ríos antes del viaje por el sureste mexicano, con destino a Guatemala?
EL.- No, éramos novios. Nos casamos en junio de 1950.

MC.- ¿Qué recuerda de su boda?
EL.- Fue una fiesta pequeña en el departamento de Concha Mantecón, su esposo José Ignacio trabajaba con Enrique. Los testigos de mi boda fueron: Pablo Neruda, Antonio Quintanilla, Wenceslao Roces y José Ignacio Mantecón. Tres testigos de mi boda vivían en el mismo edificio de la Avenida Veracruz: Pablo Neruda en el primer piso, Wenceslao Roces en el segundo piso y José Ignacio Mantecón en el tercer piso.

MC.- Pensé que se habían casado en su casa de Cuernavaca, ¿cuándo terminaron de construirla?
EL.- La casa de Cuernavaca estaba construida en 1949, pero nos casamos en la Ciudad de México.

MC.- ¿Invitaron a Neruda a la casa de Cuernavaca?
EL.- La casa de Cuernavaca tenía otra casa pequeña para invitados, y durante un viaje en automóvil dije: “¿tan juntas las dos, la casa grande y la casa chica”, se me ocurrió esa agudeza, todos en el automóvil se rieron porque en el viaje iban Matilde y Delia. Matilde cuidaba a Neruda y aprovechó el viaje a Guatemala.

MC.- Ahora que mencionamos a Cuernavaca, ¿Enrique conversó sobre la agresión de los nazis en 1941?
EL.- Claro, recuerdo la anécdota que me contó Enrique, se enredó a puñetazos con medio mundo, dio bastantes golpes para defenderse de los nazis.

MC.- El poeta exiliado José Herrera Petere escribió una novela sobre los nazis de Cuernavaca, ¿usted conoció a Petere?
EL.- Por supuesto, era un escritor que trabajaba en mi oficina de la Embajada de Rusia. Conocí a Herrera Petere en México, pero se fue a Ginebra por un trabajo de traductor. Petere era un intelectual en la Embajada de Rusia y yo una simple mecanógrafa, éramos amigos, me regañó cuando fui a Europa y no lo visité en Ginebra, pero no fuimos porque Enrique era corto de genio.  

MC.- En la golpiza contra los nazis participaron Luis Enrique Délano y su esposa, ¿los recuerda?
EL.- Claro, Luis Enrique y su esposa vivieron una temporada con Enrique, antes de que nos casáramos.  

MC.- Usted fue amiga de la esposa de Neruda, ¿cómo era Delia del Carril?
EL.- Era un sol, el problema fue la diferencia de edad, Delia había envejecido y luego llegó Matilde, pero prefiero no hablar de ella.

MC.- Hicieron otro viaje con Neruda y Delia del Carril, ¿por qué juntaron su luna de miel con el viaje de los Neruda a Europa?
EL.- Cuando se enteraron de nuestra luna de miel, ellos decidieron ir a Europa con nosotros. Fuimos en el mismo barco desde México a Cuba y Francia, en La Habana nos recibió Nicolás Guillén. Pablo y Delia siguieron su camino a Italia y nosotros nos quedamos en Francia. En París nos recibió una diplomática mexicana de apellido Quintanilla –pariente de Antonio Quintanilla-, después vimos a Picasso acompañados de Neruda y La Hormiguita. Enrique y yo visitamos a Octavio Paz en la Embajada de México en París, se enojó al saber que viajamos a Europa con Neruda, estaban peleados, cuando mencionamos a Neruda, Octavio Paz dijo: “aquí se terminó la visita”.

MC.- Cardoza y Aragón decía que Enrique de los Ríos era el mecenas de Neruda en México, ¿su esposo pagó el viaje de los Neruda a Europa?
EL.- Probablemente.

MC.- Después de la luna de miel, ¿cuándo volvieron a ver a Neruda?
EL.- Creo que en 1956. Fuimos a Chile y Neruda nos invitó a cenar a su casa de Santiago.

MC.- ¿Cuál fue su reacción al conocer a la nueva esposa de Neruda?
EL.- Matilde me recibió con una cara hasta aquí, porque no le gustaba, entonces yo la saludé medio fría.

MC.- ¿Cuándo vieron por última vez a Matilde Urrutia?
EL.- Durante la dictadura Matilde viajó a México para recoger los ejemplares del “Canto general” que nosotros resguardamos a petición de Neruda. Y de paso Matilde vino a  “estirarse” (cirugía estética), venía acompañada por la esposa de Otero Silva.

MC.- Otero Silva y Matilde Urrutia editaron las memorias “Confieso que he vivido”, ¿conversó con Matilde sobre la ausencia de Enrique de los Ríos en las memorias de Neruda?
EL.- Le pregunté por qué no citaban a Enrique, ella se disculpó diciendo que las memorias estaban inconclusas, eran apuntes y la edición fue responsabilidad de Otero Silva. Para congraciarse con nosotros, Matilde nos regaló libros de la biblioteca personal de Neruda.  

MC.- Publicarán una versión corregida y aumentada del libro “editado” por Matilde y Otero, ¿espera una reivindicación ante el descuido de la viuda?
EL.- Enrique tiene que aparecer en las memorias de Neruda.

MC.- ¿Enrique de los Ríos escribió sus memorias?
EL.- No. Lo único que escribió fue un diario sobre su viaje por la Unión Soviética. 

MC.- Neruda regresó a México por última vez en 1966, ¿se reunieron en Cuernavaca o en el Distrito Federal?
EL.- En la Ciudad de México, Neruda llegaba a nuestra casa para dormir la siesta y yo tenía que recibir a los periodistas, les ofrecía café y galletas. Los entretenía mientras esperaban que Neruda despertara.

MC.- Finalmente, Neruda tenía planeado viajar a México en septiembre de 1973, pero murió por el cáncer de próstata y la falta de medicamentos, ¿quién les dio la noticia de la muerte del poeta? 
EL.- Nos enteramos por la televisión. Estábamos pendientes de las noticias por el golpe de Estado, después hablamos por teléfono con Wenceslao Roces y otros amigos, si hubo un homenaje póstumo en memoria de Neruda evidentemente estuvimos.